En 1983 se estrenó en Lima la tercera y última película de la saga de Star Wars: El Regreso del Jedi. Luego de las dos primeras (o mejor dicho, la cuarta y quinta de la saga completa) "El Regreso del Jedi" fue la película más esperada entre los fanáticos de la Guerra de las Galaxias. Yo en ese entonces tenía solo 8 años y recuerdo a duras penas que me contaron que estuve en el estreno. Mi memoria a largo plazo siempre ha sido pésima, pero si hago un esfuerzo me puedo imaginar la gran expectativa por ver esa película, la cola en el cine Alcazar (función Matiné), la emoción de mi hermano Omar (que siempre ha sido un fan de Star Wars), mi padre llevándome de la mano y hasta algún juguete de plástico de R2D2 (o Arturito, como cariñosamente lo llamábamos)
Crecí viendo las películas de Star Wars, y la saga, que llegó a todos los rincones del mundo, se convirtió en parte de la cultura universal pop de los setentas y ochentas. Y pensar que por poco me las pierdo! Porque como dije antes, alcancé a ver la última de la trilogía en el cine -las dos primeras se estrenaron cuando aún estaba muy chico para verlas en la pantalla grande, pero las repitieron una infinidad de veces por televisión.-
Veintidós años después del estreno de la primera película (Episodio IV), George Lucas decidió grabar las primeras tres películas de las seis que forman la secuela. En 1999 se estrenó el Episodio I, "The Phantom Menace" y las salas en todo el mundo se llenaron una vez más. Recuerdo que fui a verlo con mi amigo Vicente y por poco no entramos. En esa época, a pesar de nuestros 24 años, aun teníamos un niño adentro que lo dejábamos escapar cada vez que una buena película lo permitía; Star Wars obviamente era una de ellas. Lo que más me gustó de esa película, además de la carrera de Anakin en su podracer, fue la pelea final entre Qui-Gon Jinn y Darth Maul (el Sith del sable laser de dos puntas). Luego de tres años se estrenó el Ataque de los Clones, donde Anakin se enamora de Padmé Amidala y Yoda se enfrenta a Count Dooku en una pelea de espadas laser y finalmente, en el 2005, fui con mi familia a ver el Episodio III "The Revenge of the Sith". Esta última fue muy especial porque mi familia estaba de visita para mi graduación, que coincidió con el estreno de la película así que nos fuimos todos al cine.
Hace poco me enteré que toda la colección de piezas originales que usaron para grabar las películas de Star Wars estarían en el Museo de Ciencia de Minnesota, así que alquilé nuevamente todos los episodios y me senté a ver una maratón de Star Wars. Quería refrescar mi memoria y revivir las escenas épicas de los Jedis, las batallas estelares, los misterios detrás del Emperador y sus aprendices, los Siths. En fin, me pareció que sería bueno ver esas pelas antes de ir al museo para desfrutar mejor de la colección. En el museo, encontré entre otros el podracer de Anakin, el Millenium Falcon de Han Solo, los AT-AT del Imperio Contraataca, el land speeder de Luke Skywaker (en tamaño real), los x-wing starfighters, los cruceros imperiales y hasta las espadas laser de los Jedis. Una colección muy chévere que quería compartir con los fans. Tomé un montón de fotos y aquí una galería con las mejores:
Este es un videito para los “Star Wars geeks”. El que se anime a compralo lo puede hacer aquí por solo 2,995 dólares.
Nota a pie de página.- El 15 de Agosto es el estreno de la película animada de Lucas Films “The Clone Wars” que se sitúa entre los episodios II y III. No me la pierdo por nada.
Nota a inicio de página.- A los lectores de este blog les debo una explicación. La idea inicial de Fruta Condensada era hacer de este una exploración multimedia, un medio para contar historias reales y también ficticias, compartir videos, música y todo lo que me llamase la atención. Lamentablemente este blog se ha vuelto muy personal y las historias que cuento son propias y muy reales. Pero no por eso quiero abandonar la creatividad y el imaginario de este ejercicio seudo-literario que comencé hace algunos meses sin la menor pretensión; escribo lo que se me ocurre y cuando se me antoja. Cualquiera puede hacerlo, es más, siempre incito a mis amigos a que abran su propio blog. Pero para no causar confusión, he de diferenciar las historias autobiográficas de las de ficción. Me imagino que para algunos esta explicación está de más, pero para los otros, el relato que viene a continuación y todos los textos con el encabezado de “Relatos” son producto de mi afiebrada imaginación. Los dejo entonces con el relato y como siempre los comentarios, sugerencias, críticas e insultos son bienvenidos.
El primer beso (de verdad)
Las fiestas en casa del Chino Esparza siempre han sido memorables y esta vez, las cosas no podrían ser mejores; sus papás están de viaje, los hermanos del chino van a comprar el trago y Marianita me ha dicho que su mamá ya le dió permiso para ir. Claro, ella no sabe que habrá cerveza y tampoco pensamos decirle nada porque al fin y al cabo, ¿quién quiere tomar cerveza? Es amarga, tiene mucho gas y además sabe horrible. Los hermanos del Chino dicen que una fiesta no es fiesta si no hay trago, pero eso a mí me importa un carajo, lo importante es que Marianita estará allí y nada más.
Ya tengo dos semanas con ella y todos mis amigos saben que estamos juntos. Los primeros días no pararon de joder y nos hicieron la vida imposible, pero una vez que nos vieron de la mano y les hicimos frente, se les acabó la joda. Ahora podemos caminar de la mano tranquilos, mandarnos notitas en clase e intercambiar nuestros sándwiches a la hora del recreo. Anita, su mejor amiga, me ha preguntado que cuándo la voy a besar y yo le he dicho que en la fiesta del Chino. Ya antes nos hemos dado un beso pero ese no cuenta porque fue de costadito, duró medio segundo y fue solo para despedirnos. A los 14 años no es nada fácil besar a tu novia; para comenzar no estoy muy seguro de saber hacerlo porque nunca antes he besado a una chica. Sí, ya sé, el Gordo Carlos dice que él aprendió viendo telenovelas, pero uno tiene que poner esas horas de aprendizaje en la práctica, es decir, hay que remojar los labios e intercambiar fluidos para aprender de verdad. La otra cosa es que nunca nos dejan solos, desde que estoy con Marianita, ni el Gordo, ni Anita, ni el Chino -que son mis mejores amigos- nos dejan en paz. Nos siguen de arriba abajo, nos ponen en situaciones incómodas y si por fin nos dejan solos, nos miran desde lejos cuchicheando y riéndose. Entonces no ha habido oportunidad de besarnos porque para eso necesitamos algo de privacidad, ¿no creen? Y que mejor oportunidad que la fiesta de este sábado en la casa del Chino. Entre las luces tenues, la música a todo volumen y toda la gente que va a estar allí, le pido al Chino que ponga una lenta de los Hombres G y me la chapo ahí nomás en la pista de baile, o mejor dicho en la sala de su casa.
- Ya pues Matías, apúrate que mi papá está esperando. Vamos a llegar tarde huevón! - Ahorita Gordo, deja que me eche colonia. - A ver echa un poquito acá también, me dice él y se perfuma frente al espejo con mi colonia Calvin Klein pensando que si tiene suerte, esta noche también campeona. El Gordo no tiene novia y creo que aún no le interesa, pero como siempre hablamos de chicas él se hace el interesado para no quedar mal. Yo me arreglo la camisa azul, me ajusto los pantalones caquis y me aseguro que el pelo esté bien tieso y brillante, tipo John Travolta. El papá del Gordo nos lleva en su camioneta y nos da consejos de último minuto antes de llegar a la fiesta. Nos gasta bromas y nos aburre con sus historias de antaño, con sus conquistas de galán de barrio. “Cuando yo tenia tu edad Matías, ya tenía un arsenal de novias. Terminaba con una y empalmaba con la otra” El Gordo me mira y mueve la cabeza como diciendo “no le hagas caso”. Yo me río y le pregunto cómo hago para conquistar a mi chica. “Fácil pues Matías, te tienes que hacer el interesante. De arranque nomás, me entiendes? Sacas a bailar a todas las otras chicas menos a la que te gusta, entonces ella se va a morir de celos y cae redondita” Yo le doy las gracias y le prometo que eso mismo haré, me bajo del carro pensando que ese tío esta locaso, que la primera chica con la que voy a bailar será precisamente Marianita que seguro está más linda que nunca. No me equivoco y al entrar a la fiesta no puedo creer lo que ven mis ojos; lleva un vestido turquesa de tiritas, sandalias blancas, el pelo recogido en una media cola, ganchitos de pelo del color de su vestido, una cadenita de oro y un perfume que lo puedo adivinar desde la puerta. Estoy obsesionado con su olor, cuando pienso en ella recuerdo el olor de su pelo y me siento hipnotizado. Cruzamos miradas y ella me sonríe. Yo la saludo de lejos y me quedo en la puerta junto al Gordo porque primero hay que reconocer el terreno. La casa está llena de gente, chicos y chicas de Tercero, Cuarto y Quinto de Media. Suena una canción de Los Prisioneros que no me acuerdo como se llama pero que me invita a bailar con los que sobran. El Chino se acerca a saludarnos con un gran abrazo, nos dice que la refri esta llena de chelas y que hoy nos vamos a emborrachar. Diego está en una esquina fumando Marlboros para impresionar a las chicas de Quinto de Media que seguro igual no le van a dar bola. Los hermanos del Chino están tomando cerveza del pico de la botella y ya me di cuenta que esta fiesta va a terminar mal. Hay un grupo bailando la de Los Prisioneros y veo que Marianita se anima a bailar con ellos así que yo jalo al Gordo y lo arrastro conmigo hacia la pista. Nos abrazamos en círculo y saltamos coreando “… únanse al baaaaaile…. de los que sooooobran!!!” Ella me mira con ternura y yo la miro con desesperación. Quiero abrazarla y darle un beso ya mismo. Tocan la siguiente canción y ni modo, a seguir bailando en grupo. Anita me pregunta al oído que si la voy a besar y yo le digo que no joda, que no sé.
- No seas maricón Matías, tu me dijiste que la ibas a besar ahora. - Sí pero no se puede con tanta gente. - Mira que ya le dije a Mariana que la ibas a besar. - Qué!? Anita se va corriendo y me deja parado en la pista de baile con mi cara de huevón. Trato de disimular mi vergüenza y sigo bailando, deben haber unas treinta personas en esta sala de dos por cuatro. Me empujo entre la gente y me acerco a Marianita para conversarle pero no se me ocurre nada.
- A que hora te van a recoger? Le pregunto y ahi mismo me arrepiento de la idiotez que acabo de soltar. - En una hora. Me dice y sigue bailando. Tengo que actuar rápido, pienso. Si no hago algo se me pasa la noche y pierdo. Ya me ha pasado varias veces y esta noche no puedo fallar. Le digo para conversar afuera? No, hay mucha gente en la puerta. La llevo al baño? No, eso se vería feo. Al sillón? No hay espacio carajo!
- Porque llegaste tan tarde? Me pregunta. - Porque el Gordo es un demorón, ya sabes como es él. Le miento. - Te perdiste los sanguchitos. Ya se los devoraron todos. Me jala de la mano hacia la cocina, abre un cajón del aparador y saca uno de pollo. “Te guardé uno” me dice y yo siento que me derrito. Tengo ganas de darle un beso ahí mismo pero no me atrevo y solo le doy una sonrisa.
El Chino -que esta haciendo de DJ y que tiene estrictas ordenes de tocar una lenta cada 5 canciones- pone una de mis favoritas: “Trátame suavemente” de Soda Stereo. Pienso que ya no hay tiempo para los Hombres G así que jalo de la mano a Marianita (así como ella lo hizo unos minutos atrás) y la llevo de regreso a la pista. Para mi suerte, ya hay varias parejas bailando así que no demoro en abrazar a mi novia y ponernos a bailar. Su olor me embriaga y mi corazón late a mil, como el día en que le dije con una notita que si quería estar conmigo. Los vivasos de Quinto de Media bajan las luces para pachamanquearse con sus novias, los de Cuarto no se animan a bailar y los de Tercero me miran con envidia porque bailo con la chica mas linda de nuestra clase. Me acerco un poco más a ella y como dice la canción, la trato suavemente. Ella mueve sus manos de mis hombros y las junta por detrás. Acaricio lentamente su espalda y acerco mi cara poco a poco. Siento su aliento ya muy cerca y me doy cuenta que ella también esta nerviosa, respira agitadamente y cierra los ojos para lo que se viene. Mis labios tocan sus labios y yo también cierro los ojos, la beso despacito, con una ternura que no conocía y con la misma elegancia de las telenovelas. Saboreo su dulzura, me deshago toditito y me dejo llevar por ese momento que parece eterno. Cuando termina la canción me viene un escalofrío repentino, siento un cosquilleo en el estomago y advierto algo raro que nunca antes sentí.