
El primer recuerdo que tengo de mi contacto con la música -y eso que mi memoria a largo plazo es pésima- es cuando iba en el asiento trasero del Fiat blanco de mi madre, allá por los años 80s; “Love is in the air” sonaba en el tocacassette y la guantera guardaba cassettes de los Bee Gees, Donna Summer y ABBA.
Cómo olvidar canciones como “Stayin’ Alive” y “Night Fever” de la película Saturday Night Fever o la melosa “How deep is your love” también de los Bee Gees. “I will survive” fue tremendo hit que luego la re-mezclaron en pop, electrónica y quién sabe que más.
Pero volviendo al tema, mi primer contacto con la música fue con el Disco y mis padres fueron los responsables. Yo no creo que uno nazca con un gusto a priori por algún tipo de música; básicamente (cuando eres niño) la música que te gusta es la que le gusta a tus padres, y en esa época, ellos escuchaban Disco.
Recuerdo también a un tío al que le gustaba la Salsa. Cada vez que iba a la casa de mi abuela él tocaba las canciones de Héctor Lavoe a todo volumen.
Cuando tuve edad para escuchar mi propia música (casi), mi hermano mayor era el que gobernaba. Un nuevo género se imponía sobre el Rock clásico: el Heavy Metal.
Bandas como Poison, Metallica y Iron Maiden eran las que se escuchaban en mi casa (mejor dicho, en mi cuarto). No sé si se tocaban en las fiestas de esa época pero yo siempre llevaba conmigo los discos de vinilo de mi hermano. Años mas tarde mi amigo Humberto recordaría las fiestas en las que yo llegaba con mis demoníacas canciones a irrumpir las melodías de Brian Adams y Los Hombres G.
En los quinceañeros del colegio se tocaba lo que estaba de moda en las radios: Rock, Baladas, Pop, Salsa y Merengue.
Uno movía lo que podía con los merengues de Juan Luis Guerra, improvisaba torpes vueltas con los timbales de la Salsa y coreaba con los Hombres G “Devuélveme a mi chica”.
Cómo olvidar las fiestas del Jockey Club y del Regatas, donde bailábamos al ritmo de UB40, INXS, Tom Petty y Aerosmith. Cualquiera era buen pretexto para invitar a una chica a la pista de baile con un tímido “quieres bailar?”
Las baladas eran otra cosa, ahí uno tenía que armarse de valor para sacar a la chica más linda cuando el DJ tocaba “Every rose has its thorn” de Poison o “Knockin’ on Heaven’s Door” de Guns N’ Roses.
Al entrar a la universidad mi colección musical se expandió hacia el Punk. Fue un cambio radical y de alguna forma mi gusto por la música se independizó.
Ahora que lo pienso bien, el Punk fue un género que limitó mi colección musical, puesto que claro, si yo era “pankeke” como iba a cargar a la vez con mis cassettes de Juan Luis Guerra y la 4:40? Lo que sí llevaba conmigo eran mis discos de Bob Marley. Era la época en que dejé el skate por las olas y el Reggae de alguna forma siempre se identificó con el surfing.
Los CDs ganaban mercado frente a los viejos cassettes y yo pirateaba cualquier CD de Bob Marley que llegaba a mis manos.
Durante mucho tiempo sólo escuche Reggae y Punk. Las bandas de ese entonces eran Pennywise, NOFX y Bad Religion. No entendía ni un carajo de lo que decían pero cada vez que escuchaba Punk me provocaba correr olas y eso era lo importante. A Bob Marley si lo entendía y desde entonces siempre ha estado en mi colección. Bob fue un revolucionario, un poeta pero sobre todo un excelente músico. En la playa y como compañero de viajes al norte fue siempre imprescindible.
La música electrónica se inició a finales de los 70s pero fue a mediados de los 80s cuando el “House” y el “Trance” se establecieron como géneros musicales en Chicago y Detroit respectivamente. En Lima la primera discoteca que toco música electrónica fue Bizarro en Miraflores y eso fue a finales de los 90s (vaya que demoró en llegar). En esa época sólo 2 deejays nacionales introducían una música que a muchos les resultaba totalmente desconcertante, por no decir jodidamente monótona.
A los pocos años un tipo con buena visión abrió la primera discoteca en Lima exclusiva de música electrónica; el Blue Buddha.
A ese sitio me aferre como perro a su hueso y mi cultura musical se redujo a discos de House, Progressive, Trance, Drum & Bass, y demás.
Al poco tiempo la música electrónica se hizo exclusiva para mí y cual autócrata destituyo cualquier otro disco que tenía en mi humilde repertorio. En mi auto no escuchaba otra cosa que un repetitivo unz, unz, unz….
Yo estoy seguro que de haberme quedado en Lima todos estos años, aun seguiría escuchando House con la misma devoción. No miento al decir que cuando me mudé a Nuevo Mexico TODOS mis discos eran de música electrónica.
Un colombiano que conocí en la universidad me dijo que cuando él llego a Estados Unidos no escuchaba nada de música en español pero que la ausencia de su lengua natal le cambio el gusto. A mi creo que me paso lo mismo.
La primera vez que regresé a Lima compre discos de La Oreja de Van Gogh, Mikel Erentxun, Soda Stereo y Maná.
Fue en Estados Unidos que mi pequeño repertorio musical finalmente se democratizó. Gracias a Dios conocí gente de distintos países que me presentaron géneros que en Lima jamás hubiese escuchado.
El primer cantante que agregué a mi lista fue David Gray, un inglés que toca unas canciones increíbles con su guitarra acústica y el piano.
Luego descubrí las colecciones de Putumayo, con música africana, latina, celta, del medio este, reggae y en general lo que llaman “World Music”. Tengo 6 discos de Putumayo y los recomiendo a quien quiera explorar música de otros países.
Y hablando de otros países, mi roommate de entonces, Adam, me presentó la música africana de Geoffrey Oryema y Ayub Ogada. Un disco que recomiendo es “African Voices: Song of Life”. Buenísimo.
Un amigo de Líbano me enseño la música del medio este y a pesar de que no me dio ningún CD, conseguí uno de Putumayo (Sahara Lounge) que mezcla melodías típicas Arabes con electrónica y Hip hop.
A mi amigo Carlos de República Dominicana le agradezco toda mi colección de Salsa, Merengue, Bachata y Cha cha cha. El me devolvió la música latina que estuvo allí, en mi pasado, pero que nunca lleve conmigo. Ahí la lista es largísima pero puedo destacar la Salsa cubana, Timba y Son. Mi disco de rigor, Buena Vista Social Club.
Mi amiga Lía me dejo piratear su Ipod donde encontré a Lali Puna con sus sonidos electrónicos.
También rescaté grupos antiguos como Deep Forest, Bjork, Cold Play y Natalie Merchant.
En fin, la lista es larga y este post es sólo para compartir parte de mi colección musical.
Ayer descubrí una página web donde puedes subir toda tu música y escucharla online donde quieras, (con un media player incorporado en el browser).
He subido algunos discos pero mi playlist está completo, ahí les dejo el
link y también 5 de mis temas favoritos que por cierto, están muy variados.
PS.- Se aceptan sugerencias y MP3 a mi email.