Blanca Navidad

Category: By Bruno Rivera


Una Navidad más fuera de casa. En las fiestas navideñas inevitablemente me pongo melancólico. Los recuerdos me invaden y pienso que la Navidad no podría ser mejor excusa para reunir a la familia, a los amigos y llamar a esa persona que no sabe nada de ti desde hace… cuantos años ya?
Pienso que ésta es la tercera navidad fuera de casa.
Pienso que ya no sé bien si estoy fuera de casa o no.
Pienso en que éste año no mandé tarjeta a nadie porque no quise recordar que llegaba la Navidad.
Pienso en lo que me dijo hace poco mi amigo Santi
- Lo que podemos hacer es cerrar los ojos e imaginarnos que estamos todos reunidos en casa de la Fruta, disfrutando como los viejos tiempos.
Aquí en Minneapolis la Navidad se vive de otra forma. La gente se reúne, se toma champagne, se come pavo, jamón ahumado, hamburguesas, papas fritas, enchiladas o lo que fuese. Al panetón no le dan bola, porque “el fruit cake lo comen sólo los viejitos”. El chocolate caliente no va con el jamón ahumado así que mejor no preparamos chocolate. Los cohetes están prohibidos así que mejor los guardamos para el 4 de Julio. Las doce de la noche es muy tarde para los niños así que mejor esperamos hasta mañana para abrir los regalos, además, Santa llega cuando los niños duermen, entra por la chimenea, deja los regalos y luego tiene que recorrer muchas casas más, así que mejor abrimos regalos mañana.
En la víspera las tiendas también se abarrotan de compradores de último minuto, Santa Claus se pasea por los centros comerciales y los villancicos también suenan porque la Navidad no es Navidad sin villancicos.
Yo veo a Santa y me pregunto si el colorado barrigón que lleva ese disfraz tiene familia esperándolo a las doce. Me paseo por las calles de los suburbios de Minnesota y veo fascinado las casas llenas de adornos navideños, los muñecos de nieve, los pinos decorados con luces azules, los Snoopies inflábles, los renos jalando a Santa en su trineo iluminado, los bastoncitos de colores y los pesebres fosforescentes. La nieve le da un matiz más navideño aun a toda la escena.
Me pregunto porque a los peruanos nos parece tan importante estar a las doce en punto (hora peruana) frente al pesebre para poner al niñito Jesús.
Me pregunto porque nosotros si reventamos cohetes y prendemos castillos de fuegos artificiales.
Me pregunto porque llenamos nuestra casa limeña con la misma parafernalia navideña que copiamos de los gringos.
Y es que para nosotros, para los gringos y para cualquiera que celebre la Navidad, toda decoración nos da una chispa de alegría, todo villancico revive el espíritu de felicidad y comas lo que comas esa noche será para celebrar la llegada de Jesús.
Afuera hace menos 8 grados y francamente no me provoca salir, sin embargo ésta Navidad he decido ir a la misa del gallo y para esto voy a tener que ir dos horas antes a la iglesia. El año pasado fui con Christina, mi mamá y mi hermana y aunque estuvimos ahí casi una hora antes, no llegamos a entrar.
Este año he decido recordar el nacimiento de Jesús y celebrar la Navidad en mi corazón.
He decido también cerrar los ojos a las doce y hacer la promesa ciega de que el próximo año, estaré en casa, esté donde esté.
 

Sobre 'El Sueño Americano'

Category: By Bruno Rivera

Alguna vez hiciste una busqueda en Google con tu nombre? Es increhíble lo que puedes encontrar. Que no te extrañe saber que la universidad a la que fuiste publicó tu nombre junto a todos los de tu promoción, que tu Hi5 no es tan popular como crees o que tu homónimo es un boxeador de Nueva York, un personaje de una película japonesa o un maleante sentenciado a 7 años de prisión.
Yo hice una busqueda con mi nombre y me encontré con un blogger que hablaba sobre mí, o mejor dicho, que hablaba sobre el texto que escribí: 'El Sueño Americano'.
El blogger es un americano que vive en Perú hace dos años y que escribe sobre sus observaciones de la cultura peruana, algo de política y también de economía. Está muy interesante.
A mí en particular me pareció interesante por que tiene una visión desde el otro lado de la cancha; el americano que vive en Perú.
Este post es sólo para dejarlos con el link a esta página: Little Spain
 

Luna

Category: By Bruno Rivera


Ayer dejé a Luna en casa de Amanda. Yo pensé que la despedida sería muy dolorosa para ambos, yo por supuesto me ya me había encariñado con ella, y pensé que ella –a pesar de la indiferencia muy propia de los de su “clan”- también me tenía cierto cariño.
Bastaron veinte minutos para que reconozca su nueva casa y la silla del escritorio donde solía dormir, para saber que era allí en donde pasaría la noche.
Dos meses atrás manejaba de regreso a casa, bajo una lluvia torrencial, cuando al voltear la esquina veo a un gatito en medio de la pista, totalmente desconcertado, cegado por la lluvia y las luces de mi auto. Paré en seco y bajé del auto a recoger al gatito empapado, tan chiquito que cabía en la palma de mi mano y tan mojado que pensé que moriría de hipotermia. No sé cuánto tiempo estuvo bajo la lluvia, ni de dónde había salido o qué diablos hacía en medio de la pista, pero era evidente que estaba desorientado, perdido.
Lo llevé a casa y llamé a Christina para pedirle que venga de inmediato, mientras que yo secaba al pobre gatito y descubría que no era gato sino gata y que tenía los ojos chuecos, digna de los de su “clan”.
Christina no tardo en llegar, muy emocionada ella, trayendo leche, atún y unas cobijas y en menos de 2 minutos, la bautizó con más de veinte nombres. Yo, el indiferente, le dije que devolvería a la gata al día siguiente porque esa noche ya era tarde para andar tocando puertas.
Trataba de ocultar mi emoción pues no quería encariñarme con ella seguro de que al día siguiente encontraría a su dueña. La gata estaba sucia y muerta de frío pero me daba pena darle un baño a esa hora así que le improvisamos una cama y la dejamos dormir en el sillón.
- Buenas, disculpe, se le perdió una gata siamés el día de ayer?
- No, no tengo gatos.
- Bueno, gracias y disculpe ah.
Le pregunté a cuanto vecino me abrió la puerta pero nadie había perdido un gatito la noche anterior, estaba seguro que alguien la estaba extrañando, que una niñita había llorado toda la noche porque su gatita se le había perdido pero sólo uno de mis vecinos tenía gatos, y los contó uno por uno frente a mi, todos completos.
- Puede que la gata halla estado vagando toda la noche o desde hace varios días!, me dijo Christina
- Sí pero ésta gata tiene que tener un dueño, no parece una gata callejera, le dije agitando una pitita para que la gata juegue.
- Pero estaba toda sucia y muerta de hambre, seguro que si no la rescatabas se moría de frío, de hambre o alguien la atropellaba.
Christina insistió en quedarnos con la gata pero yo seguía pensando que era mala idea pues en algún momento me iba a tener que deshacer de ella y luego cómo me desharía de la tristeza?
Tenía que encontrar a su dueño, poner anuncios, ir a las veterinarias, llevarla a la plaza y sentarme ahí esperando a que pase su dueño. Algo había que hacer.
- Bueno, por lo pronto hay que bautizarla.
- Se llama Luna, le dije. Ella rió conmigo y asintió.
Fuimos a Walmart a comprar comida para gatos, arena para su baño y unos juguetitos. Le dimos un baño y le limpiamos las orejas que estaban llenas de tierra. La pobre Luna estaba resfriada pero con unas gotas de medicina en su comida se mejoró al poco tiempo.
Después de una semana ya no había más que hacer, Luna se había quedado.
Pero había un pequeño problema, algo que no preví, una situación que no me imaginé al comprar esas bolitas con sonaja dentro que ella perseguía con tanto entusiasmo;
La gata estaba loca de remate!
Era hiperactiva y jugaba todo el día, corría de acá para allá como si alguien la persiguiese, como si tuviese amigos imaginarios o viese fantasmas.
- Juraría que está en drogas -dije- en serio, creo que toma anfetaminas o altas dosis de cafeína.
Se mueve como si la persiguiese el demonio, como si el alma de Linda Blair se hubiese encarnado en la pobre gata. No sólo eso, no me deja dormir porque durante el día, mientras yo trabajo, ella seguramente se aburre de jugar con los fantasmas y se duerme, pero cuando llego a casa despierta de su siesta y no para de correr y jugar hasta quién sabe que hora porque yo me acuesto a las doce.
Lo peor de todo es cuando juega con el cable de mi laptop. Lo muerde como si fuese la pitita que yo inocentemente le agitaba para que se entretenga unos días atrás. Se sube a la mesa y alucina que el mouse es un ratón de verdad, se emociona con la luz roja que ve moviéndose de un lado a otro y lo palmotea, muerde y trata de cazarlo como sea. Yo la tiro por los aires hasta que aterriza en el sillón de la sala y la gata vuelve en menos de dos segundos a mi escritorio a cazar el ratón de patas rojas.
El otro día regresé a casa y la bandera de Bob Marley que tenía colgada en la ventana había sido desgarrada por las uñitas de Luna. Hasta tuve que esconder mi computadora y sobre todo los cables para que no los destroce con sus arrebatos.
Luna come como troglodita, se atraganta con las sardinas, juega con los pescaditos de la comida seca y hace un desastre que luego yo tengo que limpiar. Se seca la leche como borracho en feria y al final se lame con una minuciosidad digna de admirar.
Fuera de todo Luna se ganó mi cariño porque simplemente adoro a los gatos.
Encuentro en ellos una personalidad tan indiferente, tan segura de sí misma y tan hermética que no deja de fascinarme. Los gatos creen que son dueños de sus dueños (si es que en verdad lo somos). Se apropian de la casa donde viven y se sienten los amos. Pero lo que más me gusta de los gatos, es precisamente su indiferencia. No te dan falsos piropos, ni te hacen gracias para que les des de comer, sólo te miran y te aman desde lejos. Saben que te derrites por ellos y que los vas a llenar de mimos y caricias. Luna no es la excepción.
En una semana y media me iría para Lima y debía deshacerme de todas mis pertenencias en una venta de garaje. Cuando vino Amanda a llevarse mi escritorio y la silla donde dormía Luna, supe que ella sería la indicada para adoptar a mi gata. Amanda ama a los gatos tanto como yo y ya antes había jugado con Luna como si la conociese de toda la vida.
Le pedí con pena que se quede con ella y Amanda aceptó feliz.
Me costó mucho tener que llevarla a su casa, postergue dos veces la inevitable ceremonia y me aferré a ella hasta el último día cuando ya no había nada en mi departamento y tenía que entregar las llaves.
Finalmente tuve que llevarla. La despedida fue dolorosa para ambos pero ahora ya no estoy seguro si lo fue más para mí que para ella, porque al verla jugar en su nueva casa comprendí que sólo los de su “clan” saben cuanto pueden ellos querer a una persona como uno los quiere a ellos.
Adiós Luna.
 

Mi colección

Category: By Bruno Rivera

El primer recuerdo que tengo de mi contacto con la música -y eso que mi memoria a largo plazo es pésima- es cuando iba en el asiento trasero del Fiat blanco de mi madre, allá por los años 80s; “Love is in the air” sonaba en el tocacassette y la guantera guardaba cassettes de los Bee Gees, Donna Summer y ABBA.
Cómo olvidar canciones como “Stayin’ Alive” y “Night Fever” de la película Saturday Night Fever o la melosa “How deep is your love” también de los Bee Gees. “I will survive” fue tremendo hit que luego la re-mezclaron en pop, electrónica y quién sabe que más.
Pero volviendo al tema, mi primer contacto con la música fue con el Disco y mis padres fueron los responsables. Yo no creo que uno nazca con un gusto a priori por algún tipo de música; básicamente (cuando eres niño) la música que te gusta es la que le gusta a tus padres, y en esa época, ellos escuchaban Disco.
Recuerdo también a un tío al que le gustaba la Salsa. Cada vez que iba a la casa de mi abuela él tocaba las canciones de Héctor Lavoe a todo volumen.
Cuando tuve edad para escuchar mi propia música (casi), mi hermano mayor era el que gobernaba. Un nuevo género se imponía sobre el Rock clásico: el Heavy Metal.
Bandas como Poison, Metallica y Iron Maiden eran las que se escuchaban en mi casa (mejor dicho, en mi cuarto). No sé si se tocaban en las fiestas de esa época pero yo siempre llevaba conmigo los discos de vinilo de mi hermano. Años mas tarde mi amigo Humberto recordaría las fiestas en las que yo llegaba con mis demoníacas canciones a irrumpir las melodías de Brian Adams y Los Hombres G.
En los quinceañeros del colegio se tocaba lo que estaba de moda en las radios: Rock, Baladas, Pop, Salsa y Merengue.
Uno movía lo que podía con los merengues de Juan Luis Guerra, improvisaba torpes vueltas con los timbales de la Salsa y coreaba con los Hombres G “Devuélveme a mi chica”.
Cómo olvidar las fiestas del Jockey Club y del Regatas, donde bailábamos al ritmo de UB40, INXS, Tom Petty y Aerosmith. Cualquiera era buen pretexto para invitar a una chica a la pista de baile con un tímido “quieres bailar?”
Las baladas eran otra cosa, ahí uno tenía que armarse de valor para sacar a la chica más linda cuando el DJ tocaba “Every rose has its thorn” de Poison o “Knockin’ on Heaven’s Door” de Guns N’ Roses.
Al entrar a la universidad mi colección musical se expandió hacia el Punk. Fue un cambio radical y de alguna forma mi gusto por la música se independizó.
Ahora que lo pienso bien, el Punk fue un género que limitó mi colección musical, puesto que claro, si yo era “pankeke” como iba a cargar a la vez con mis cassettes de Juan Luis Guerra y la 4:40? Lo que sí llevaba conmigo eran mis discos de Bob Marley. Era la época en que dejé el skate por las olas y el Reggae de alguna forma siempre se identificó con el surfing.
Los CDs ganaban mercado frente a los viejos cassettes y yo pirateaba cualquier CD de Bob Marley que llegaba a mis manos.
Durante mucho tiempo sólo escuche Reggae y Punk. Las bandas de ese entonces eran Pennywise, NOFX y Bad Religion. No entendía ni un carajo de lo que decían pero cada vez que escuchaba Punk me provocaba correr olas y eso era lo importante. A Bob Marley si lo entendía y desde entonces siempre ha estado en mi colección. Bob fue un revolucionario, un poeta pero sobre todo un excelente músico. En la playa y como compañero de viajes al norte fue siempre imprescindible.
La música electrónica se inició a finales de los 70s pero fue a mediados de los 80s cuando el “House” y el “Trance” se establecieron como géneros musicales en Chicago y Detroit respectivamente. En Lima la primera discoteca que toco música electrónica fue Bizarro en Miraflores y eso fue a finales de los 90s (vaya que demoró en llegar). En esa época sólo 2 deejays nacionales introducían una música que a muchos les resultaba totalmente desconcertante, por no decir jodidamente monótona.
A los pocos años un tipo con buena visión abrió la primera discoteca en Lima exclusiva de música electrónica; el Blue Buddha.
A ese sitio me aferre como perro a su hueso y mi cultura musical se redujo a discos de House, Progressive, Trance, Drum & Bass, y demás.
Al poco tiempo la música electrónica se hizo exclusiva para mí y cual autócrata destituyo cualquier otro disco que tenía en mi humilde repertorio. En mi auto no escuchaba otra cosa que un repetitivo unz, unz, unz….
Yo estoy seguro que de haberme quedado en Lima todos estos años, aun seguiría escuchando House con la misma devoción. No miento al decir que cuando me mudé a Nuevo Mexico TODOS mis discos eran de música electrónica.
Un colombiano que conocí en la universidad me dijo que cuando él llego a Estados Unidos no escuchaba nada de música en español pero que la ausencia de su lengua natal le cambio el gusto. A mi creo que me paso lo mismo.
La primera vez que regresé a Lima compre discos de La Oreja de Van Gogh, Mikel Erentxun, Soda Stereo y Maná.
Fue en Estados Unidos que mi pequeño repertorio musical finalmente se democratizó. Gracias a Dios conocí gente de distintos países que me presentaron géneros que en Lima jamás hubiese escuchado.
El primer cantante que agregué a mi lista fue David Gray, un inglés que toca unas canciones increíbles con su guitarra acústica y el piano.
Luego descubrí las colecciones de Putumayo, con música africana, latina, celta, del medio este, reggae y en general lo que llaman “World Music”. Tengo 6 discos de Putumayo y los recomiendo a quien quiera explorar música de otros países.
Y hablando de otros países, mi roommate de entonces, Adam, me presentó la música africana de Geoffrey Oryema y Ayub Ogada. Un disco que recomiendo es “African Voices: Song of Life”. Buenísimo.
Un amigo de Líbano me enseño la música del medio este y a pesar de que no me dio ningún CD, conseguí uno de Putumayo (Sahara Lounge) que mezcla melodías típicas Arabes con electrónica y Hip hop.
A mi amigo Carlos de República Dominicana le agradezco toda mi colección de Salsa, Merengue, Bachata y Cha cha cha. El me devolvió la música latina que estuvo allí, en mi pasado, pero que nunca lleve conmigo. Ahí la lista es largísima pero puedo destacar la Salsa cubana, Timba y Son. Mi disco de rigor, Buena Vista Social Club.
Mi amiga Lía me dejo piratear su Ipod donde encontré a Lali Puna con sus sonidos electrónicos.
También rescaté grupos antiguos como Deep Forest, Bjork, Cold Play y Natalie Merchant.
En fin, la lista es larga y este post es sólo para compartir parte de mi colección musical.
Ayer descubrí una página web donde puedes subir toda tu música y escucharla online donde quieras, (con un media player incorporado en el browser).
He subido algunos discos pero mi playlist está completo, ahí les dejo el link y también 5 de mis temas favoritos que por cierto, están muy variados.

PS.- Se aceptan sugerencias y MP3 a mi email.