Luna

Ayer dejé a Luna en casa de Amanda. Yo pensé que la despedida sería muy dolorosa para ambos, yo por supuesto me ya me había encariñado con ella, y pensé que ella –a pesar de la indiferencia muy propia de los de su “clan”- también me tenía cierto cariño.
Bastaron veinte minutos para que reconozca su nueva casa y la silla del escritorio donde solía dormir, para saber que era allí en donde pasaría la noche.
Dos meses atrás manejaba de regreso a casa, bajo una lluvia torrencial, cuando al voltear la esquina veo a un gatito en medio de la pista, totalmente desconcertado, cegado por la lluvia y las luces de mi auto. Paré en seco y bajé del auto a recoger al gatito empapado, tan chiquito que cabía en la palma de mi mano y tan mojado que pensé que moriría de hipotermia. No sé cuánto tiempo estuvo bajo la lluvia, ni de dónde había salido o qué diablos hacía en medio de la pista, pero era evidente que estaba desorientado, perdido.
Lo llevé a casa y llamé a Christina para pedirle que venga de inmediato, mientras que yo secaba al pobre gatito y descubría que no era gato sino gata y que tenía los ojos chuecos, digna de los de su “clan”.
Christina no tardo en llegar, muy emocionada ella, trayendo leche, atún y unas cobijas y en menos de 2 minutos, la bautizó con más de veinte nombres. Yo, el indiferente, le dije que devolvería a la gata al día siguiente porque esa noche ya era tarde para andar tocando puertas.
Trataba de ocultar mi emoción pues no quería encariñarme con ella seguro de que al día siguiente encontraría a su dueña. La gata estaba sucia y muerta de frío pero me daba pena darle un baño a esa hora así que le improvisamos una cama y la dejamos dormir en el sillón.
- Buenas, disculpe, se le perdió una gata siamés el día de ayer?
- No, no tengo gatos.
- Bueno, gracias y disculpe ah.
Le pregunté a cuanto vecino me abrió la puerta pero nadie había perdido un gatito la noche anterior, estaba seguro que alguien la estaba extrañando, que una niñita había llorado toda la noche porque su gatita se le había perdido pero sólo uno de mis vecinos tenía gatos, y los contó uno por uno frente a mi, todos completos.
- Puede que la gata halla estado vagando toda la noche o desde hace varios días!, me dijo Christina
- Sí pero ésta gata tiene que tener un dueño, no parece una gata callejera, le dije agitando una pitita para que la gata juegue.
- Pero estaba toda sucia y muerta de hambre, seguro que si no la rescatabas se moría de frío, de hambre o alguien la atropellaba.
Christina insistió en quedarnos con la gata pero yo seguía pensando que era mala idea pues en algún momento me iba a tener que deshacer de ella y luego cómo me desharía de la tristeza?
Tenía que encontrar a su dueño, poner anuncios, ir a las veterinarias, llevarla a la plaza y sentarme ahí esperando a que pase su dueño. Algo había que hacer.
- Bueno, por lo pronto hay que bautizarla.
- Se llama Luna, le dije. Ella rió conmigo y asintió.
Fuimos a Walmart a comprar comida para gatos, arena para su baño y unos juguetitos. Le dimos un baño y le limpiamos las orejas que estaban llenas de tierra. La pobre Luna estaba resfriada pero con unas gotas de medicina en su comida se mejoró al poco tiempo.
Después de una semana ya no había más que hacer, Luna se había quedado.
Pero había un pequeño problema, algo que no preví, una situación que no me imaginé al comprar esas bolitas con sonaja dentro que ella perseguía con tanto entusiasmo;
La gata estaba loca de remate!
Era hiperactiva y jugaba todo el día, corría de acá para allá como si alguien la persiguiese, como si tuviese amigos imaginarios o viese fantasmas.
- Juraría que está en drogas -dije- en serio, creo que toma anfetaminas o altas dosis de cafeína.
Se mueve como si la persiguiese el demonio, como si el alma de Linda Blair se hubiese encarnado en la pobre gata. No sólo eso, no me deja dormir porque durante el día, mientras yo trabajo, ella seguramente se aburre de jugar con los fantasmas y se duerme, pero cuando llego a casa despierta de su siesta y no para de correr y jugar hasta quién sabe que hora porque yo me acuesto a las doce.
Lo peor de todo es cuando juega con el cable de mi laptop. Lo muerde como si fuese la pitita que yo inocentemente le agitaba para que se entretenga unos días atrás. Se sube a la mesa y alucina que el mouse es un ratón de verdad, se emociona con la luz roja que ve moviéndose de un lado a otro y lo palmotea, muerde y trata de cazarlo como sea. Yo la tiro por los aires hasta que aterriza en el sillón de la sala y la gata vuelve en menos de dos segundos a mi escritorio a cazar el ratón de patas rojas.
El otro día regresé a casa y la bandera de Bob Marley que tenía colgada en la ventana había sido desgarrada por las uñitas de Luna. Hasta tuve que esconder mi computadora y sobre todo los cables para que no los destroce con sus arrebatos.
Luna come como troglodita, se atraganta con las sardinas, juega con los pescaditos de la comida seca y hace un desastre que luego yo tengo que limpiar. Se seca la leche como borracho en feria y al final se lame con una minuciosidad digna de admirar.
Fuera de todo Luna se ganó mi cariño porque simplemente adoro a los gatos.
Encuentro en ellos una personalidad tan indiferente, tan segura de sí misma y tan hermética que no deja de fascinarme. Los gatos creen que son dueños de sus dueños (si es que en verdad lo somos). Se apropian de la casa donde viven y se sienten los amos. Pero lo que más me gusta de los gatos, es precisamente su indiferencia. No te dan falsos piropos, ni te hacen gracias para que les des de comer, sólo te miran y te aman desde lejos. Saben que te derrites por ellos y que los vas a llenar de mimos y caricias. Luna no es la excepción.
En una semana y media me iría para Lima y debía deshacerme de todas mis pertenencias en una venta de garaje. Cuando vino Amanda a llevarse mi escritorio y la silla donde dormía Luna, supe que ella sería la indicada para adoptar a mi gata. Amanda ama a los gatos tanto como yo y ya antes había jugado con Luna como si la conociese de toda la vida.
Le pedí con pena que se quede con ella y Amanda aceptó feliz.
Me costó mucho tener que llevarla a su casa, postergue dos veces la inevitable ceremonia y me aferré a ella hasta el último día cuando ya no había nada en mi departamento y tenía que entregar las llaves.
Finalmente tuve que llevarla. La despedida fue dolorosa para ambos pero ahora ya no estoy seguro si lo fue más para mí que para ella, porque al verla jugar en su nueva casa comprendí que sólo los de su “clan” saben cuanto pueden ellos querer a una persona como uno los quiere a ellos.
Adiós Luna.

No tuve tiempo de despedirme de mi Clover cuando me fui, pero se que fue mejor así, lo extraño horrores y hubiera sido muy duro tener que decirle Adiós.
Me gusto mucho haver leido esta historia. Mustra un Bruno al que no siempre tuve acceso, excepto en momentos muy especiales.
Te quiero mucho,
Carlos
Bueno si, te cuento que tenemos un gato y es una preciosidad, el engreido de la casa y dueño de ella definitivamente. Esta con nosotros desde 1er de Julio a las 12pm. Todo se debio a que de regreso de lima nos dimos con la gran sorpresa de encontrar un pericote en mi cocina, te imaginaras que casi me da chucaqui y que no entre a la cocina por 1 mes y medio, ya que a pesar de ponerle todas las trampas para ratones que encontramos, nunca cayo. Hasta que una amiga de mi trabajo me dijo Por que no te consiges un gato?? Le dije que no me gustaban los gatos y a mi esposo tampoco; a lo que me dijo que seria la unica manera de olvidarnos del raton (ya que por el olor huyen y no regresan) y que bueno al fin y al cabo sino me gustaba el gato se lo diera despues, ya que ella tenia 2. Con esa oferta me decidi a comprar un gato, era obvio que preferia tener un gato por un tiempo en la casa que a un raton, asi que estuve en busqueda de un gatito por internet cuando vi su foto y me encanto, ese mismo dia lo fui a recoger, se llamaba "princess" lo cual obviamente decidi cambiarselo por KIA.
Kia a la semana ya se habia ganado nuestro cariño y estabamos totalmente embobados con ella, gran sorpresa nos dimos cuando al mes la llevamos al veterinario y termino siendo macho y lo peor es que ya se habia acostumbrado al nombre, asi que mi Kia es macho.
Para nunca haber tenido gatos creo que no lo hemos hecho tan mal, ademas te dire que tiene algo de perro, sale siempre a recibirnos cuando alguien llega a la puerta, medio que ladra cuando juega (jaja t juro) y juega con Beto a mordiscones todo el dia, aunque su juego preferido es a las escondidas. Ya Kia tiene casi 11 meses y nunka pensamos que nos fueramos a volver tan gateros, hasta paramos en los malls a ver calendarios de gato, jaja q horror! Pero la verdad que no hay mejor compañia que un gato, ni mejor despertador jajaja ya que entra todas las mañanas a la misma hora al cuarto a despertarnos para que le abramos la puerta de la calle.
Adoro a mi Kia y creo que es un gran ayuda el tenerlo ya que estamos tan lejos de casa, familia y amigos. Obviamente pienso llevarmelo a lima o a donde vaya......y a mi amiga ya le comprare uno de esos calendarios de gatos jajaja un besote y cuidate.
Rocio.
I loved your blog. I think you understand little animals so well and have the ability to be so caring and gentle with them - a quality in you that I treasure so much and which I don't see very often in other people. I am sure that Luna remembers you very well and that she didn't cry only because she didn't want you to be sadder than you already were.
Kisses
Me lleno de tristesa leer este blog sobretodo porque me hizo recordar algo parecido. Cuando vivia en Miami, un gatito callejero me adopto y termino viviendo en mi casa. Unos meses despues tenia que mudarme a otro estado para hacer un master y busque como loco a alguien que se lo quedara, pero no encontre a nadie a si que con mucha pena tuve que dejarlo en la sociedad protectora de animales. Fue la verdad uno de los dias mas tristes de mi vida.
Un saludo
Daniel
barretodaniel@hotmail.com
http://www.trekearth.com/members/rbcy1974/
saludos
Vero