Relatos 1: Quieres estar conmigo?

El gordo Carlos me ha dicho que le va a preguntar a Anita y que me avisa a la salida.
Yo confío en el gordo, que es mi mejor amigo, pero ya no estoy seguro de que sea una buena idea, es más, creo que la he cagado contándole al gordo Carlos y al chino Esparza que me muero por Marianita. Si los demás se enteran de que me gusta Marianita me van a hacer la vida imposible, me van a joder durante todo el recreo y a la salida también.
Solo espero que el tarado del chino no abra la bocota. En el gordo sí confío, es mi patasa, desde que me acuerdo siempre hemos parado juntos para todos lados. Yo le cuento todos mis secretos y él me cuenta los suyos. La vez pasada me dijo que el chino Esparza, que es un mañosón de campeonato, le robó una Playboy a su viejo y la llevó al cole para que todos se ganen con las rubias calatas.
A mí eso no me importa, no me interesan las rubias tetonas, ni tampoco la antipática de Raquel ni mucho menos la sobrada de Maria Fernanda. A mí la que me gusta es Marianita que se sienta frente a mí en la clase de Inglés. Tan linda ella con su pelo largo y castaño. Liso como su uniforme plomo rata recién planchadito, ese uniforme horripilante que le queda precioso. Tan linda Marianita con sus ojasos negros, sus pestañas largas y su cejitas de ángel. Pienso que ella tiene que ser la chica más linda del planeta. Se voltea a conversarme cada vez que termina la clase. Me pide el borrador, la regla y mis lápices de colores. Me pregunta que desayuné todas las mañanas. En la clase de Miss Gallagher, me corrige y me repite cien veces en inglés perfecto su palabra favorita: Dragonfly.
Dieguito, que es un trome poniendo apodos, me baja de las nubes y me pregunta qué hora es.
- Solo faltan 10 minutos. Le digo en voz baja.
- Sabes cómo le dicen a Miss Gallagher? Me pregunta con una sonrisa pícara.
- Sayonara de Orca?
- No, ya no, ahora le dicen fotógrafo desordenado.
- Porque? Le sigo la corriente.
- Porque tiene rollos por todos lados.
Yo me río disimuladamente mientras la gordita de Miss Gallagher escribe en la pizarra una conjugación de verbos. Dieguito, que cuando empieza no para, me cuenta que la profe es tan gorda que cuando los de Green Peace la ven en la playa, la quieren devolver al agua y yo me tapo la boca para no estallar en risas. El se emociona y celebra conmigo su gracia, luego se inspira para decirme que la profe es tan, pero tan gorda, que se hizo un vestido de flores y se acabó la primavera. Yo no puedo más y estallo en una risotada, Miss Gallagher se voltea y me llama la atención, Marianita se pone un dedito en los labios y me indica que me calle la boca. Se da la vuelta rápido y deja en el aire un olor riquísimo. La puedo oler desde mi carpeta que está atrasito de la suya. Cuando puedo la arrastro para adelante solo para olerle el pelo y cuando ella se da cuenta que estoy muy cerca me empuja para atrás con una risa coqueta y yo vuelvo a empujar la carpeta para adelante y así nos la pasamos jugando todo el día.
Empiezo a fantasear nuevamente y me imagino que estamos sentaditos en el sillón de mi casa, ella se recuesta sobre mi pecho y yo le huelo ese pelo tan lindo que tiene.
El chino dice que no es tan bonita y que Maria Fernanda es mucho más rica pero a mí no me importa. Yo quiero caerle a ella. Quiero darle un beso aunque nunca haya chapado. Quiero llevarla de la mano a su casa aunque su mamá siempre la venga a recojer. Quiero comprarle un Sublime en el recreo y esconderlo en su carpeta con una notita que diga: Te quiero mucho.
Quiero también que ésta gorda mofletuda acabe de una vez la clase para largarme de acá pero antes para preguntarle a Marianita qué nos dejaron de tarea en Geografía.
Suena la campana y mis cosas ya están listas hace media hora. Ella se voltea y me clava la misma pregunta que yo le iba a hacer.
- Un dibujo de Europa, le digo. Ay verdá, me dice ella y se voltea ahí mismito, dejándome su olor a ángel y yo me arrepiento de contestarle tan rápido porque ya no tengo pretexto para conversarle de no sé que.
El gordo Carlos, que se sienta al fondo, me hace señas desesperado.
- Que pasa gordo?
- Ya está huevón, ya te hize el bajo. Me dice. Anita dice que tu también le gustas.
- Shhhhh…! Le digo y lo llevo a un rincón. En serio?
- Si huevón, susurra, Anita le preguntó que pasa si tu le caes y ella me dijo que te dice que sí.
- Qué dice que me dice que qué?
- Que sí huevón!
- Y cómo le caigo?
- Escríbele un papelito y se lo das antes de que se vaya. Pero apúrate que su vieja seguro que ya está afuera!
- No, no….. mejor mañana. Le digo
- Noooo huevón, ahorita! Y se ríe muy fresco el gordo, porque sabe que me cago de miedo.
- Bueno pero, qué le pongo?
- No sé, ponle…. “Quieres estar conmigo?”
Lo miro aun incrédulo y en una milésima de segundo saco un papel y escribo raudo lo que el gordo me acaba de dictar. Corro hacia la puerta de salida porque la mamá de Marianita está siempre puntual –a cinco para las dos- esperándola en su camioneta Nissan, lista para llevarla a su casa. Aprieto el papelito y bajo las escaleras, la mochila se balancea de lado a lado, las piernas me tiemblan y el corazón parece que se me sale, me abro paso entre los grandotes de cuarto y quinto de secundaria mientras me repito una y otra vez que ya no hay marcha atrás.
El gordo me ha jurado y re-jurado que no me chotea. Anita, que es su mejor amiga, no le iba a mentir ni cagando. El gordo es mi pata y no me va a jugar una mala pasada.
Freno en seco y la tengo a dos metros de distancia. Esta solita y es ahora o nunca, pienso.
Ella voltea y me regala una sonrisa como siempre, yo ya no puedo más con las hormiguitas en el estómago y no creo poder hablar de lo nervioso que estoy así que solo atino a entregarle la carta y me alisto a correr. Ella me detiene y me pregunta qué es eso.
- Nada, le digo, lo lees cuando estés en tu casa.
- No, mejor ahorita, me dice ella y está a punto de abrir el papelito cuando la intercepto y suena la bocina del carro de su mamá que acaba de estacionarse atrasito suyo. Me armo de valor, o mejor dicho, me doy cuenta que ya no hay salida y le digo en voz bajita lo dice la nota:
- Quieres estar conmigo?
Ella abre sus ojasos y la lee para estar segura. Yo me he quedado paralizado, estoy en el limbo y siento que levito, que me elevo en unos segundos que no se acaban nunca. Ella sube la mirada, me sonríe y me dice que sí. Guarda la notita, se sube al Nissan de su mami y me hace un adiós desde la ventana.
Yo sigo paralizado pero ya salí del limbo, respiro profundo y siento que San Pedro me acaba de abrir las puertas de cielo.
[Nota.- Foto prestada de la web del Colegio Maria Reina, Lima, Perú]
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