De vuelta a la “Tierra del encanto”

Llego al counter de US Airways y no puedo registrarme en el “self check-in”. Le pido al trabajador de la aerolínea que me ayude a sacar mi tarjeta de abordaje, que la máquina no funciona, le explico también que no pude imprimir la tarjeta en casa. Entra mis datos en la computadora y me dice que tengo un homónimo, un tipo que nació en 1953 y que cometió un delito por lo que mi nombre debe ser chequeado cuando yo (y mis otros yos) quieran viajar en US Airways.
Le pregunto que si cada vez que viaje con ellos tendré el mismo problema y él me dice: Lamentablemente sí.
Dejo la maleta, hago cola y al llegar a seguridad, el inevitable ritual empieza: fuera zapatos, casaca, billetera, celular y llaves. Sacar la laptop de la maleta y ponerla en otra bandeja. Pasar por el detector de metales raudo para que la bendita máquina no suene pero mala suerte, suena y tengo que regresar. Es la correa.
Paso al fin y veo a una anciana con los brazos en alto, descalza y sin su abrigo. Una negra robusta la escanea para ver si lleva explosivos, objetos punzo cortantes o drogas. Ella espera paciente y cuando paso me mira y me sonríe. Probablemente esté pensando que los trabajadores de seguridad son unos idiotas. Yo le devuelvo la sonrisa y le digo mentalmente “estoy contigo”.
Busco la sala de abordaje, me instalo y saco la computadora. Pienso por un momento en que tengo batería para ver una película durante el vuelo o para escribir este texto. Me abandono a escribir.
Hoy regresaré a la tierra del encanto, al escenario de “No country for old man”, a los áridos desiertos donde Billy “The Kid” se hizo famoso, al lugar donde pasé 3 años de mi vida; Nuevo México “The Land of Enchantment”.
Cuando llegué por primera vez a Nuevo México me cuestioné seriamente el slogan que ostentaba. Pensé que nadie en su sano juicio diría que esa tierra parca, reseca y arcillosa podría ser encantadora. Que equivocado estaba.
Estoy a unas horas de regreso a ese sitio tan especial para mí, tan distintivo y maravilloso. Sitio que me dejó muy buenos recuerdos, otros no tan buenos, que me enseño tanto, pero sobre todo, que puso en mi camino a personas que ahora son tan importantes en mi vida.
Voy a ver a viejos amigos; a Carlos, el dominicano que me enseño a bailar salsa, merengue y bachata, el que me devolvió la música latina que era parte de mi cultura pero que nunca la sentí mía y el que lloró en mi hombro porque perdió a su novia por acostarse con la esposa de un dentista. Amigo para siempre. A Marco con quien jugué interminables sesiones de fútbol en el Play Station. A Adam, ex novio de Lorrie, padre de su hija y excelente amigo mío, el chico de Vermont que compró un anillo de compromiso en Japón para dárselo a su novia y arrepentirse en menos de dos meses. A Brenda, la esposa del dentista, amiga incondicional y coqueta incorregible. A Tiffany, la chica más chic de Nuevo Mexico. A David el novio de la chica chic, el que mueve la cintura al ritmo de hip hop y reggaeton con una destreza impresionante. A Kristen, la niña de 16 años que quedó embarazada hace poco y que me dice por el Messenger que nadie quiere bailar con ella porque su barriga está gigante. A Catherine, amiga de Kristen que para su corta edad, ha visto demasiado. A Michael Ann, que con sus 21 años ya esta embarazada por segunda vez. Y a otros más, que pasaron por mi vida y dejaron excelentes recuerdos.
Estoy emocionado por volver a ver a esos amigos que dejé hace dos años. Llevo conmigo una cámara para registrar mi viaje, para tomarme fotos pero sobre todo para capturar la esencia de Nuevo México, su arte, gente, comida y arquitectura. El próximo post será solo eso; fotos. Trataré de contar una historia visual con fotos de Santa Fe, Las Vegas y Albuquerque..
Es curioso, cuando vivía en Nuevo México nunca me tomé el tiempo de tomar fotos (será que no tenía una cámara digital?) pero ahora que regreso, no me puedo perder esta oportunidad, la de llevarme un pedacito de la “Tierra del encanto”.
Hasta la próxima.
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