Renaissance Fair

Category: , By Bruno Rivera

El fin de semana pasado fui por segunda vez al “Renaissance Fair.” Como su nombre lo dice, es una feria de homenaje a la época del Renacimiento Inglés donde se junta el arte, la cultura y las costumbres del siglo 16.

Si hay una palabra para describir este sitio esa es “magia”. El lugar es absolutamente mágico; desde que se entra a la feria los organizadores, boleteros, anfitriones y transeúntes te saludan con el acento inglés propio de la época, vestidos con trajes renacentistas, algunos con cerveza en mano, otros con un machete o espada y uno que otro haciendo malabares para el espectáculo que montará más tarde ante el Rey de Inglaterra.
Los personajes que están regados por toda la feria son encantadoramente cómicos, lunáticos y esplendorosos. Por ejemplo, la primera persona que me saluda es una dama de un vestido largo un poco rasgado y maltrecho, una colorada voluptuosa que lleva un sombrero de plumas y un abanico en la mano. En la otra mano trae una taza gigante llena de cerveza -sospecho- porque en esta feria, la cerveza se toma como limonada y con el calor que hace hoy -unos 30 grados- no me sorprendería que esta señora se esté emborrachando a las doce del medio día mientras se pasea por la feria. Debe tener un calor infernal -pienso yo- porque con el vestido que lleva puesto y los kilitos que le sobran, la pobre debe estar sudando duro y parejo. Pero aun así ella sonríe y me muestra a su mascota, una tortuga enorme y bien amaestrada que camina a su lado con una canastita amarrada al lomo y algunos dólares que la gente le obsequia.

Mas allá hay una chica preciosa disfrazada de hada que toca una pequeña flauta y salta como si estuviese bailando con otras hadas que solo ella puede ver. Se toma un descanso y le coquetea a la gente que le toma fotos. Tiene una bolsita con polvos mágicos que le regala a los niños que se atreven a saludarla. Una niña, que la ha estado observando por varios minutos, se le acerca y le estrecha los brazos, el hada se agacha y le da un abrazo suave y tierno. Yo le tomo una foto en el preciso instante.

Sigo caminando y me encuentro con un duende que vende pepinillos, los ofrece a voz en cuello por un dólar el pepinillo. Cuando me ve con la cámara apuntándole me hace muecas y yo me cago de la risa porque el tipo en verdad que parece a un duende. Lleva un pantalón de lino, un chalequito verde con el torso desnudo y un sombrero puntiagudo del mismo color. Su cara es la de un duende de cuento de hadas y creo que hasta tiene las orejas puntiagudas.

Un grupo de gente se reúne a ver a alguien que seguramente es importante porque está llamando la atención de todos alrededor, así que dejo al duende verde de los pepinillos y me acerco a ver quién está llamando tanta atención. No podría ser otro que el Rey de Inglaterra. Sus súbditos le abren paso, le echan aire y lo agasajan como se merece. El Rey lleva una corona dorada de plástico, un medallón en el pecho y un traje soberbio. Todos quieren estrecharle la mano pero él solo le da el gusto a algunos, especialmente a los niños. Sus siervos se encargan de despejar un poco a la gente, dándole un aire de importancia aun mayor al gordito estafador que dice ser rey.

La feria está llena de estos fulleros, pero lo más gracioso es que algunos de los asistentes también se disfrazan de estos personajes míticos y se confunden entre los actores. Se emborrachan con cerveza, se sumergen en la fantasía renacentista y se la pasan re-bien.

Pero no solo son los disfraces y la arquitectura de la época lo que atrae a miles de personas a esta feria, las funciones de teatro que presentan son alucinantes: los comediantes, magos, bailarines, trapecistas y malabaristas complementan el show. Hay también brujas o pitonisas que ofrecen sus servicios en pequeñas carpas con letreros que advierten sobre sus poderes sobrenaturales. Algunas leen la mano, otras las cartas del tarot y unas pocas dicen ser astrólogas espirituales. Yo desconfío.
Luego están las tiendas con una infinidad de manualidades, artesanías, pinturas, estatuillas, libros y arte en general. Todo, por supuesto, bastante caro.
La comida no es tan cara pero si variada, desde cremoladas de frutas hasta piernas de pavo a lo Disney. Pasta en plato de cartón y vino tinto en vaso de plástico. Todo muy rústico pero acorde con la escenografía.
Hay juegos para todos, como tiro al arco con flecha (lanza, daga, hacha, etc.), animales que te pasean por la feria, carrozas para ir de un lado a otro y columpios gigantes para descansar.

Al atardecer, la atracción principal es el duelo entre guerreros medievales con armadura de acero. Estos caballeros, se baten a muerte montados es sus corceles feudales. Obviamente, todo es una actuación pero el espectáculo que hacen es increíble, se agarran en una pelea de espadas y escudos por el amor de una doncella. Es como ver una pelea de lucha libre -que se sabe que es trucada- pero en vez de lanzarse de lo alto de un cuadrilátero, se lanzan de un caballo mientras este corre a toda velocidad contra sus adversario.

Hay muchos de estos festivales en los Estados Unidos pero el “Renaissance Fair” de Minnesota es el más grande con 700 participantes entre actores, comediantes, belly dancers, magos, malabaristas, etc., 275 artesanos y 120 puestos de comida.
El año pasado no tomé ni una foto pero esta vez llevé mi cámara y he preparado un collage de fotos para que vean un poquito del encanto de este festival. Espero que les guste y si alguna vez tienen la oportunidad de ir a un “Renaissance Fair”, no lo piensen dos veces.

 

Reflexiones: Los sueños

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La vida no es más que un sueño; mi propio sueño. Sueño a toda hora las 24 horas del día; sueño mientras duermo, camino, pienso, leo y escribo. Ahora mismo estoy soñando.
He entrado en un sueño eterno del que no puedo salir y vengo preso de este desde mucho antes de nacer. No podría precisar desde que instante porque cuando adopté este cuerpo, luego de reencarnarme, mi mente borró todo recuerdo que tengo de mis vidas pasadas.

Siempre he tenido la sensación de que nadie existe en verdad, de que yo soy el único ser vivo en mi sueño, en mi vida, y que todas las personas de este planeta, que yo he creado en mi mente, no son más que actores o personajes de ciencia ficción que me acompañan mientras estoy lúcido.
La lucidez a la que me refiero es mi estado actual, ahora mismo mientras escribo estas líneas y tengo los ojos abiertos, mientras controlo lo que hago porque cuando duermo no puedo controlar nada. He ahí la diferencia: Cuando estoy despierto soy dueño de mi destino, pero cuando duermo soy solo partícipe. No sería propio entonces llamar a mi estado lúcido “soñar despierto” puesto que, como dije antes, sueño eternamente. A este estado de lucidez lo llamo el “sueño activo.” Cuando duermo y creo que mi mente descansa, en realidad no lo hace, solo cambia de estado a lo que llamo “sueño pasivo”.
En el sueño pasivo mi mente se llena de personajes que me acompañan en esta vida y también de los que me acompañaron en vidas pasadas pero que no reconozco porque alguien los borró de mi inconsciente. Todos se mezclan en situaciones improbables, en lugares surrealistas, distorsionados y aberrantes; algunos preciosos y otros terroríficos. Ahí soy un ente pasivo, observante y partícipe a la vez, soy el actor principal en una película de Buñuel donde todos los demás son actores de reparto. Las situaciones son un reflejo de mis más oscuros deseos, de mis miedos y fantasías.

En una oportunidad, mientras dormía, por unos cuantos minutos me abstraje de mi “sueño pasivo” y me di cuenta que podía controlar lo que sucedía. Fue un momento genial en el que cambié mi destino, fue como verme desde afuera, como decirle al director de la película: Hey! Yo hago lo que me da la gana y si quiero cambiar el libreto pues lo cambio! En esa ocasión yo estaba en mi colegio, y según Buñuel, debía tomar un avión para irme a algún lugar remoto, pero en vez de hacer eso, decidí irme a mi casa. Me di cuenta que podía cambiar mi sueño y lo hice, entré al limbo onírico entre el sueño activo y el sueño pasivo hasta que abrí los ojos y otra vez regresé a mi realidad.

El tiempo no existe. Alguien inventó esa palabra para vender relojes. La noción que tenemos del tiempo es absolutamente subjetiva y si hay una forma de comprobarlo es mirándose al espejo. Para algunos los años no pasan en vano, pero para otros, los años parecen eternos. Todo depende del cristal con el que lo mires.
El pasado es inmediato, lejano y cercano a la vez. Mientras escribo estas líneas, mientras respiro, mientras pienso, todo ya es parte del pasado. El presente es relativo y el futuro se mezcla con el presente a cada instante.
El futuro es un sin fin de incertidumbres, un vaivén de probabilidades y casualidades. La suerte es una suma de contingencias en un tiempo y espacio pero en el sentido estricto de la palabra, no existe.

El sueño activo es lineal, de eso estoy seguro. No hay forma de retroceder en el tiempo y tampoco de apresurar al futuro. Es una lástima. El espacio que nos rodea es lo que hace que el tiempo sea lineal, pero como dije antes, todo es subjetivo.

En el sueño pasivo en cambio, el tiempo es no-lineal. Puedo saltar al futuro y regresar al presente, puedo ir al pasado y confundir a los personajes del pasado con los del presente. Todo es posible en el sueño pasivo. Puedo verme de niño jugando con mis amigos, todos de la misma edad y de pronto uno de ellos tiene treinta años. Cómo es posible que esté en la misma escena si todos tienen la misma edad? Puedo verme de viejo, en otro sitio y con otro cuerpo. Puedo viajar en el tiempo y el espacio a la velocidad de la luz. Si llego a verme en otro cuerpo, tal vez sea una vida pasada y tal vez queden algunos recuerdos de esa vida enterrados en mi memoria y solo cuando duermo, puedo rescatar esos recuerdos que aún guardo en mi inconsciente.

A veces me encantaría editar mi vida, así como edito los programas de televisión en la computadora. Copiar, pegar, seleccionar, mover, borrar. Ajustar el color, el audio y colocar los créditos. Jugar con los tiempos y los espacios; borrar personajes, retocar a otros y añadir a los que faltan. Cerrar episodios para empezar la segunda, tercera y cuarta temporada. Poner un poco de dramatismo a las escenas finales y eliminar los conflictos innecesarios.

El poder de la mente es más fuerte de lo que imaginas, nada es real. Todo lo que ves, tocas, sientes y crees que existe, no existe. Es una proyección de tu mente para que tu propio sueño tenga un sentido.
 

El Museo de Star Wars

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En 1983 se estrenó en Lima la tercera y última película de la saga de Star Wars: El Regreso del Jedi. Luego de las dos primeras (o mejor dicho, la cuarta y quinta de la saga completa) "El Regreso del Jedi" fue la película más esperada entre los fanáticos de la Guerra de las Galaxias. Yo en ese entonces tenía solo 8 años y recuerdo a duras penas que me contaron que estuve en el estreno. Mi memoria a largo plazo siempre ha sido pésima, pero si hago un esfuerzo me puedo imaginar la gran expectativa por ver esa película, la cola en el cine Alcazar (función Matiné), la emoción de mi hermano Omar (que siempre ha sido un fan de Star Wars), mi padre llevándome de la mano y hasta algún juguete de plástico de R2D2 (o Arturito, como cariñosamente lo llamábamos)

Crecí viendo las películas de Star Wars, y la saga, que llegó a todos los rincones del mundo, se convirtió en parte de la cultura universal pop de los setentas y ochentas. Y pensar que por poco me las pierdo! Porque como dije antes, alcancé a ver la última de la trilogía en el cine -las dos primeras se estrenaron cuando aún estaba muy chico para verlas en la pantalla grande, pero las repitieron una infinidad de veces por televisión.-

Veintidós años después del estreno de la primera película (Episodio IV), George Lucas decidió grabar las primeras tres películas de las seis que forman la secuela. En 1999 se estrenó el Episodio I, "The Phantom Menace" y las salas en todo el mundo se llenaron una vez más. Recuerdo que fui a verlo con mi amigo Vicente y por poco no entramos. En esa época, a pesar de nuestros 24 años, aun teníamos un niño adentro que lo dejábamos escapar cada vez que una buena película lo permitía; Star Wars obviamente era una de ellas. Lo que más me gustó de esa película, además de la carrera de Anakin en su podracer, fue la pelea final entre Qui-Gon Jinn y Darth Maul (el Sith del sable laser de dos puntas).
Luego de tres años se estrenó el Ataque de los Clones, donde Anakin se enamora de Padmé Amidala y Yoda se enfrenta a Count Dooku en una pelea de espadas laser y finalmente, en el 2005, fui con mi familia a ver el Episodio III "The Revenge of the Sith". Esta última fue muy especial porque mi familia estaba de visita para mi graduación, que coincidió con el estreno de la película así que nos fuimos todos al cine.

Hace poco me enteré que toda la colección de piezas originales que usaron para grabar las películas de Star Wars estarían en el Museo de Ciencia de Minnesota, así que alquilé nuevamente todos los episodios y me senté a ver una maratón de Star Wars. Quería refrescar mi memoria y revivir las escenas épicas de los Jedis, las batallas estelares, los misterios detrás del Emperador y sus aprendices, los Siths. En fin, me pareció que sería bueno ver esas pelas antes de ir al museo para desfrutar mejor de la colección.
En el museo, encontré entre otros el podracer de Anakin, el Millenium Falcon de Han Solo, los AT-AT del Imperio Contraataca, el land speeder de Luke Skywaker (en tamaño real), los x-wing starfighters, los cruceros imperiales y hasta las espadas laser de los Jedis. Una colección muy chévere que quería compartir con los fans. Tomé un montón de fotos y aquí una galería con las mejores:




Este es un videito para los “Star Wars geeks”. El que se anime a compralo lo puede hacer aquí por solo 2,995 dólares.



Nota a pie de página.- El 15 de Agosto es el estreno de la película animada de Lucas Films “The Clone Wars” que se sitúa entre los episodios II y III. No me la pierdo por nada.
 

Relatos 2: El primer beso (de verdad)

Category: By Bruno Rivera
Nota a inicio de página.- A los lectores de este blog les debo una explicación. La idea inicial de Fruta Condensada era hacer de este una exploración multimedia, un medio para contar historias reales y también ficticias, compartir videos, música y todo lo que me llamase la atención. Lamentablemente este blog se ha vuelto muy personal y las historias que cuento son propias y muy reales. Pero no por eso quiero abandonar la creatividad y el imaginario de este ejercicio seudo-literario que comencé hace algunos meses sin la menor pretensión; escribo lo que se me ocurre y cuando se me antoja. Cualquiera puede hacerlo, es más, siempre incito a mis amigos a que abran su propio blog. Pero para no causar confusión, he de diferenciar las historias autobiográficas de las de ficción.
Me imagino que para algunos esta explicación está de más, pero para los otros, el relato que viene a continuación y todos los textos con el encabezado de “Relatos” son producto de mi afiebrada imaginación.
Los dejo entonces con el relato y como siempre los comentarios, sugerencias, críticas e insultos son bienvenidos.




El primer beso (de verdad)

Las fiestas en casa del Chino Esparza siempre han sido memorables y esta vez, las cosas no podrían ser mejores; sus papás están de viaje, los hermanos del chino van a comprar el trago y Marianita me ha dicho que su mamá ya le dió permiso para ir. Claro, ella no sabe que habrá cerveza y tampoco pensamos decirle nada porque al fin y al cabo, ¿quién quiere tomar cerveza? Es amarga, tiene mucho gas y además sabe horrible. Los hermanos del Chino dicen que una fiesta no es fiesta si no hay trago, pero eso a mí me importa un carajo, lo importante es que Marianita estará allí y nada más.

Ya tengo dos semanas con ella y todos mis amigos saben que estamos juntos. Los primeros días no pararon de joder y nos hicieron la vida imposible, pero una vez que nos vieron de la mano y les hicimos frente, se les acabó la joda. Ahora podemos caminar de la mano tranquilos, mandarnos notitas en clase e intercambiar nuestros sándwiches a la hora del recreo.
Anita, su mejor amiga, me ha preguntado que cuándo la voy a besar y yo le he dicho que en la fiesta del Chino. Ya antes nos hemos dado un beso pero ese no cuenta porque fue de costadito, duró medio segundo y fue solo para despedirnos. A los 14 años no es nada fácil besar a tu novia; para comenzar no estoy muy seguro de saber hacerlo porque nunca antes he besado a una chica. Sí, ya sé, el Gordo Carlos dice que él aprendió viendo telenovelas, pero uno tiene que poner esas horas de aprendizaje en la práctica, es decir, hay que remojar los labios e intercambiar fluidos para aprender de verdad.
La otra cosa es que nunca nos dejan solos, desde que estoy con Marianita, ni el Gordo, ni Anita, ni el Chino -que son mis mejores amigos- nos dejan en paz. Nos siguen de arriba abajo, nos ponen en situaciones incómodas y si por fin nos dejan solos, nos miran desde lejos cuchicheando y riéndose. Entonces no ha habido oportunidad de besarnos porque para eso necesitamos algo de privacidad, ¿no creen?
Y que mejor oportunidad que la fiesta de este sábado en la casa del Chino. Entre las luces tenues, la música a todo volumen y toda la gente que va a estar allí, le pido al Chino que ponga una lenta de los Hombres G y me la chapo ahí nomás en la pista de baile, o mejor dicho en la sala de su casa.

- Ya pues Matías, apúrate que mi papá está esperando. Vamos a llegar tarde huevón!
- Ahorita Gordo, deja que me eche colonia.
- A ver echa un poquito acá también, me dice él y se perfuma frente al espejo con mi colonia Calvin Klein pensando que si tiene suerte, esta noche también campeona. El Gordo no tiene novia y creo que aún no le interesa, pero como siempre hablamos de chicas él se hace el interesado para no quedar mal. Yo me arreglo la camisa azul, me ajusto los pantalones caquis y me aseguro que el pelo esté bien tieso y brillante, tipo John Travolta.
El papá del Gordo nos lleva en su camioneta y nos da consejos de último minuto antes de llegar a la fiesta. Nos gasta bromas y nos aburre con sus historias de antaño, con sus conquistas de galán de barrio. “Cuando yo tenia tu edad Matías, ya tenía un arsenal de novias. Terminaba con una y empalmaba con la otra”
El Gordo me mira y mueve la cabeza como diciendo “no le hagas caso”. Yo me río y le pregunto cómo hago para conquistar a mi chica. “Fácil pues Matías, te tienes que hacer el interesante. De arranque nomás, me entiendes? Sacas a bailar a todas las otras chicas menos a la que te gusta, entonces ella se va a morir de celos y cae redondita”
Yo le doy las gracias y le prometo que eso mismo haré, me bajo del carro pensando que ese tío esta locaso, que la primera chica con la que voy a bailar será precisamente Marianita que seguro está más linda que nunca.
No me equivoco y al entrar a la fiesta no puedo creer lo que ven mis ojos; lleva un vestido turquesa de tiritas, sandalias blancas, el pelo recogido en una media cola, ganchitos de pelo del color de su vestido, una cadenita de oro y un perfume que lo puedo adivinar desde la puerta.
Estoy obsesionado con su olor, cuando pienso en ella recuerdo el olor de su pelo y me siento hipnotizado.
Cruzamos miradas y ella me sonríe. Yo la saludo de lejos y me quedo en la puerta junto al Gordo porque primero hay que reconocer el terreno.
La casa está llena de gente, chicos y chicas de Tercero, Cuarto y Quinto de Media. Suena una canción de Los Prisioneros que no me acuerdo como se llama pero que me invita a bailar con los que sobran. El Chino se acerca a saludarnos con un gran abrazo, nos dice que la refri esta llena de chelas y que hoy nos vamos a emborrachar. Diego está en una esquina fumando Marlboros para impresionar a las chicas de Quinto de Media que seguro igual no le van a dar bola. Los hermanos del Chino están tomando cerveza del pico de la botella y ya me di cuenta que esta fiesta va a terminar mal.
Hay un grupo bailando la de Los Prisioneros y veo que Marianita se anima a bailar con ellos así que yo jalo al Gordo y lo arrastro conmigo hacia la pista. Nos abrazamos en círculo y saltamos coreando “… únanse al baaaaaile…. de los que sooooobran!!!”
Ella me mira con ternura y yo la miro con desesperación. Quiero abrazarla y darle un beso ya mismo.
Tocan la siguiente canción y ni modo, a seguir bailando en grupo.
Anita me pregunta al oído que si la voy a besar y yo le digo que no joda, que no sé.

- No seas maricón Matías, tu me dijiste que la ibas a besar ahora.
- Sí pero no se puede con tanta gente.
- Mira que ya le dije a Mariana que la ibas a besar.
- Qué!?
Anita se va corriendo y me deja parado en la pista de baile con mi cara de huevón. Trato de disimular mi vergüenza y sigo bailando, deben haber unas treinta personas en esta sala de dos por cuatro. Me empujo entre la gente y me acerco a Marianita para conversarle pero no se me ocurre nada.

- A que hora te van a recoger? Le pregunto y ahi mismo me arrepiento de la idiotez que acabo de soltar.
- En una hora. Me dice y sigue bailando.
Tengo que actuar rápido, pienso. Si no hago algo se me pasa la noche y pierdo. Ya me ha pasado varias veces y esta noche no puedo fallar. Le digo para conversar afuera? No, hay mucha gente en la puerta. La llevo al baño? No, eso se vería feo. Al sillón? No hay espacio carajo!

- Porque llegaste tan tarde? Me pregunta.
- Porque el Gordo es un demorón, ya sabes como es él. Le miento.
- Te perdiste los sanguchitos. Ya se los devoraron todos. Me jala de la mano hacia la cocina, abre un cajón del aparador y saca uno de pollo. “Te guardé uno” me dice y yo siento que me derrito. Tengo ganas de darle un beso ahí mismo pero no me atrevo y solo le doy una sonrisa.

El Chino -que esta haciendo de DJ y que tiene estrictas ordenes de tocar una lenta cada 5 canciones- pone una de mis favoritas: “Trátame suavemente” de Soda Stereo. Pienso que ya no hay tiempo para los Hombres G así que jalo de la mano a Marianita (así como ella lo hizo unos minutos atrás) y la llevo de regreso a la pista. Para mi suerte, ya hay varias parejas bailando así que no demoro en abrazar a mi novia y ponernos a bailar.
Su olor me embriaga y mi corazón late a mil, como el día en que le dije con una notita que si quería estar conmigo.
Los vivasos de Quinto de Media bajan las luces para pachamanquearse con sus novias, los de Cuarto no se animan a bailar y los de Tercero me miran con envidia porque bailo con la chica mas linda de nuestra clase.
Me acerco un poco más a ella y como dice la canción, la trato suavemente. Ella mueve sus manos de mis hombros y las junta por detrás. Acaricio lentamente su espalda y acerco mi cara poco a poco. Siento su aliento ya muy cerca y me doy cuenta que ella también esta nerviosa, respira agitadamente y cierra los ojos para lo que se viene. Mis labios tocan sus labios y yo también cierro los ojos, la beso despacito, con una ternura que no conocía y con la misma elegancia de las telenovelas. Saboreo su dulzura, me deshago toditito y me dejo llevar por ese momento que parece eterno.
Cuando termina la canción me viene un escalofrío repentino, siento un cosquilleo en el estomago y advierto algo raro que nunca antes sentí.

Será que me he enamorando?

 

Una práctica de infarto

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El miércoles pasado, como todos los miércoles, fui al estudio de baile de Rene. Estaba ya frente al espejo, junto a otras seis personas, practicando una nueva combinación de pasos que el versátil Rene nos enseña todas las semanas, cuando llegó Pam. A ella la conocí hace un año por medio de un amigo. Por su inconfundible forma de vestir, Pam es una chica alternativa, diría yo; delgada, de piel clara, expresión reservada y pelo corto color rojo escarlata. Estudió baile moderno en la universidad y baila salsa con nosotros todos los miércoles. Ella es la más puntual, empeñosa y comprometida del grupo -tal vez por su educación en baile precisamente-. Me cae bien, Pam es una chica que no dice mucho pero que es evidente que tiene mucho que contar.
Fui a saludarla con un abrazo y ella me miró con un desdén de pocos amigos.
- Qué pasa? Le dije, Estás bien?
- Sí, solo estoy un poco cansada.
Con la cara que llevaba, pensé que alguien había muerto o que se había amanecido la noche anterior de juerga con sus amigos, o mejor aun, que había tenido una de esas noches inmemorables llenas de estupefacientes y que al día siguiente te dejan en un estado deplorable. No tenía idea de lo que reflejaba su expresión, ni lo que vería en los siguientes minutos.
Regresé a la pista a seguir practicando y ella se quedó atrás. A los pocos minutos veo por el espejo a Pam en el suelo, a un costado de la pista. Se doblaba de un lado al otro como estirándose en una posición que no había visto nunca. Me resultó extraño mas no improbable puesto que usualmente ella estira los músculos –así como los profesionales- antes de empezar a bailar. Seguí bailando concentrado en los pasos que Rene nos enseñaba, cuando Nate nos advierte: Algo le pasa a Pam!
Volteo a verla y la posición de estiramiento había desenlazado en una posición fetal. Nos acercamos a ella y su cara color rojizo había cambiado a un morado improbable, un color de piel de ahogado o de un personaje de la Warner Brothers que se aguanta la respiración por varios minutos. Pam se retorcía en el suelo en una especie de ataque de epilepsia (si alguna vez vieron uno), contrayendo los músculos de una forma absurda, aguantando la respiración, tiritando de escalofríos, convulsionando, tornando su cuerpo rígido como una tabla.
- Le ha dado un ataque! Gritó Nate
- Mierda! Dije yo. Qué hacemos?
Todos nos miramos y nadie respondió. Nadie sabía que decir ni que hacer. Nos quedamos paralizados por unos segundos que resultaron eternos. Corrí a la silla a coger mi celular y dije: Llamo al 911?
- No, dijo Rene, se le pasa ahorita. Es solo un ataque.
- Un ataque de que? dijo June. El no respondió.
- Pónganle un lápiz en la boca para que no se muerda la lengua, dijo otra chica.
Alguien se acercó con el lápiz y lo puso en su boca, mientas yo le sostenía la cabeza para que no la golpease contra el suelo. Los segundos pasaban y ella seguía en shock. Nate la tenía de la mano mientras ella se retorcía con inclemencia. Nos mirábamos unos a otros sin saber que coño hacer. Todos estábamos en pánico, muertos de miedo. Unos traían agua, otros prendían el ventilador y abrían las ventanas.
Nunca antes había visto un ataque así (y luego supe que la mayoría de los que estaban ahí tampoco).
Parecía que Pam no podía respirar, su color morado se acentuaba y de pronto empezó a botar espuma por la boca. Los ojos se le voltearon para atrás y la nuca se retorció como una última estocada.
June sacó su celular y marcó el 911.
- Estoy llamando a emergencias!, sentenció.
Yo me arrepentí de no haberlo echo antes, de haber escuchado a Rene cuando me dijo que ya se le iba a pasar. Por un segundo pensé que si Pam moría en ese estudio de baile iba a ser solo mi culpa, por pusilánime e indeciso. Soy un imbécil, debí haber marcado antes, pensé.
June les explicó brevemente de lo que pasaba y les dio la dirección del estudio.
La cosa se empeoró cuando Rene se acercó a tocarle el pecho a ver si seguía respirando.
“Está respirando” dijo él y yo ahí sí empecé a pasarme de vueltas. Parecía que estaba en una película de Tim Burton, o en una escena de Salvador Dali; completamente irreal.
Pensé que Pam moriría ahí mismo, tirada en el piso, tiesa como una piedra. Pensé que los doctores no llegarían a tiempo, que esa chica de pelo rojo y mirada taciturna no despertaría de su trance.
Poco a poco las contracciones musculares cedieron, las bocinas de la ambulancia ya se escuchaban a lo lejos y Pam parecía recobrar el conocimiento.
Nate le hablaba y trataba de tranquilizarla, le decía que se había desmayado y que la ambulancia estaba en camino, que todo estaba bien. Ella lo miraba sin decir nada.
Luego yo empecé a sobarle las sienes y le dije que no se preocupase, que ya había pasado. Ella me miró a los ojos y estoy seguro que no me reconoció. Su mirada era vacía, extraviada.
Llegaron los paramédicos cuando el shock ya había pasado. La sentaron y le preguntaron su nombre. Ella respondió. Le preguntaron su apellido y no supo que decir. Le preguntaron donde vivía y tampoco supo que decir. Había perdido la memoria temporalmente, se notaba desorientada, frágil, débil. Nos miraba como una niña que llega al colegio por primera vez.
La pusieron en una silla de ruedas, le dieron oxígeno y la llevaron hasta la ambulancia. Nos dijeron que ella estaría bien y que había que avisarle a sus familiares. Preguntamos a dónde la llevarían y nos dijeron que la clínica quedaba solo a 3 cuadras.
Cuando ya todo había pasado tratamos de volver a la práctica pero fue casi imposible. Fuimos a verla a emergencias pero no nos dejaron entrar así que solo dejamos su maleta con ropa y nuestra solidaridad.
Al regresar a casa entré a Wikipedia a buscar la palabra “seizure” y tratar de entender mejor lo que había pasado.
Nunca antes vi un ataque de esa índole. La experiencia que viví es difícil de explicar y mucho más intensa de lo que puedo haber descrito en estas líneas.
Pam salió el mismo día de emergencias y al día siguiente ya estaba bailando otra vez.
Por mi parte espero no volver a ver un ataque de esos, pero si sucede, no dudaré en marcar el 911 de inmediato.