Productividad Google

Category: By Bruno Rivera


No se ustedes pero para mí Google es una herramienta básica. Es mas, no sé que sería de mi vida sin Google y no entiendo como he podido sobrevivir mi niñez (y parte de mi juventud) sin el buscador más avanzado de nuestro tiempo. Me atrevería a decir que es la herramienta más eficiente de productividad a la hora de buscar algo -lo que sea- y no exagero en decir que es el índice de la biblioteca más grande, completa, democrática y desordenada del universo virtual.

Si quiero ver las noticias, clic en Google News, si quiero buscar el Starbucks más cercano pongo mi dirección en Google Maps, escribo “Starbucks” y listo, me aparecen 20 sitios, si quiero ver una vista satelital de mi casa, Google Earth, si quiero ver unos videitos (pa’ matar el rato y créanme que me puedo pasar horas matando el rato), Google Video o You Tube, que por cierto fue comprada por Google el año pasado.
No hay mejor forma de optimizar mi tiempo y mantenerme ordenado que sincronizar mi agenda con Google Calendar. Esta herramienta te permite tener una agenda en cualquier sitio que tengas acceso a Internet (la casa, la oficina, el café Internet o donde encuentres Wi-Fi). Ya no tienes que cargar con un libro de 365 páginas ni anotar en papelitos las citas con el dentista o la hora de la película, si tu celular tiene acceso a Internet, chequeas tu agenda desde ahí y si no, especificas un recordatorio en la agenda Google para que te mande un mensaje de texto con los eventos importantes.
Sabían que Google también tiene un procesador de textos (tipo World) llamado “Documents” y hasta una versión de Excel y Power Point que puedes usar desde el browser? Me estoy poniendo ya muy techy, nerdy o geeky?
No importa, prosigo; Documents es un programa que te permite escribir y editar textos en tu Internet Explorer, es decir ya no necesitas tener World instalado en el computador porque con Google puedes escribir tus textos y guardarlos en tu cuenta de Gmail (porque tienes Gmail no?). También puedes hacer presentaciones Power Point y crear tablas tipo Excel que se guardan en un formato compatible con PowerPoint y Excel de Microsoft.
Gmail te permite enviar tus emails al celular para leerlos desde ahí y si puedes enviar emails desde tu teléfono, los sincroniza con Gmail automáticamente. Es más, puedes empujar los emails de Hotmail o Yahoo a Gmail para que éste los reenvíe a tu celular (para hacer eso en Hotmail tienes que pagar).

Cuando llego al trabajo lo primero que hago es abrir el browser y cuál creen que es mi página de inicio? Google! Felizmente no me la han bloqueado -pienso. Las empresas ahora bloquean muchas de las páginas web para que sus trabajadores no se pasen horas hueveando en Internet y yo me pregunto, tendrá sentido eso? Tendrá sentido bloquear las páginas “lúdicas” y no Google?
A mi me han bloqueado Hotmail, Hi5, Monster y algunas otras páginas pero Google? Ah no, Google no! Las otras son una perdida de tiempo pero Google es sinónimo de productividad. O estaré equivocado?
Yo me paso la primera hora de mi día viendo noticias, revisado mi Gmail, leyendo blogs, -y como el Hi5 está bloqueado- chequeando los comentarios de Facebook, las fotos, música, videos y demás estupideces que la gente (me incluyo) cuelga en sus galerías virtuales. Calculo que dentro de ese tiempo paso por el portal de Google unas veinte veces, por YouTube unas diez y por Gmail más de una. Mencioné que Gmail tiene un messenger incorporado? El Gtalk con el que chateo (valga el spanglish) con algunos amigos. Y eso es solo la primera hora del día porque durante el transcurso, a veces me encuentro navegando páginas que no tengo la más mínima idea de cómo las encontré. Me paso horas descifrando cómo funcionan los RSS, cómo se mandan mensajes de texto a celulares de otros países, organizando mis Google Bookmarks y ahora que estoy escribiendo en Fruta Condensada, aprendiendo cómo usar Blogger (que también le pertenece a Google).

Será Google más que una herramienta de productividad, una asolapada forma de perder el tiempo o la excusa perfecta para la más descarada vagancia por el ciberespacio?
Será cierto que cuando no existía Internet, los contadores, secretarias, recepcionistas, administradores y todos aquellos que pasaban sus ocho horas frente a un monitor eran mucho más eficaces?
Será que Google me ha convertido en el más eficiente ocioso de la oficina?
Cuantas veces abré repetido la palabra Google en este post?
Si hago una búsqueda en Google y pongo “Google Fruta Condensada” aparecerá mi blog en la primera página?
Eso tendré que averiguarlo, hasta la próxima.
 

A Journey Through the Music

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Video Documental
Miriam Langer, mi profesora del curso Multimedia y advisor de la maestría me dijo que el título para mi documental no era bueno. Yo, porfiado e intransigente, le dije que lo pensaría pero lo dejé así. Ahora me doy cuenta que tenía razón.
Qué es un viaje a través de la música? Viaje de dónde a dónde? Quién viaja? Y qué tipo de música?
En fin, éste es mi documental de música electrónica y primer video blog. La idea inicial era que este blog sea multimedia y voy a tratar de que así sea. Tengo algunos videos que quiero compartir y otros que realizar, también me gustaría hacer un podcast pero creo que mi voz no ayudaría.
“A Journey Through the Music” está partido en 9 secciones (tituladas en orden cronológico) y recomiendo disponer de una hora para verlo completo. Quiero disculparme por la calidad del video, pero créanme que me pasé varios días tratando de encontrar los mejores “codecs” para la compresión. Poner una hora de video en Internet no es nada fácil. Yo que pensé que este post sería el más facilito, escribo un par de líneas nomás y cuelgo los videos, dije yo. Es el que más tiempo me ha tomado!
El documental estaba en DVD, que ya era un formato comprimido, así que tuve que extraerlo a mi computadora, partirlo en secciones en Final Cut, titularlo (disculpen también por el “Property of Bruno Rivera”, pero si alguien se piratea mi documental, al menos que se lo lleve con mi nombre!), renderear el video, comprimirlo, exportarlo y subirlo a Dailymotion.
En fin, éste es solo el preámbulo para mi documental.
Espero que les guste y si tienen algo que comentar, adelante.


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Cartas sin razón

Category: By Bruno Rivera

Fabricio,
Sí, me llegó la postal navideña y no, Serpost no te metió la rata. Tarde pero llegó. Y a ti te llegó el Ipod que te mandé? O Serpost se lo escueleó? Mentira man, no mandé ni mierda, pero si lees mi post de Blanca Navidad, sabrás que este año no mandé postal a nadie. Simplemente me zurré. A mí tampoco nadie me mandó nada, excepto tumbes y mi madre, que siempre manda fruta.
Como vez, esta es una nueva sección para mi blog: Cartas sin razón, o como diría Bayly, cartas a los amigos que perdí, o como diría Cisneros, cartas que no mandaré.
Lo que fuese, las mías no tienen sentido, ni razón, ni tema. Es sólo un pretexto para ponerme en contacto con viejos amigos, para decirles lo que no les digo por e-mail porque ya no les escribo, ni por teléfono porque tampoco los llamo, ni por el messenger porque ya nadie chatea. O es que ya nadie chatea conmigo?
En fin, la Navidad la pasé con Christina, fuimos a la misa de gallo, que por cierto, porque chucha le dicen misa de gallo? De que gallo hablan? De ese que lo ponen sobre el pecebre del nacimiento? Será no? No tengo idea, la cosa es que fuimos a misa y a la 1:30 ya estábamos de regreso en casa. La misa sí estuvo bien bonita, con una orquesta sinfónica. Los gringos para esas cosas se pasan, no sabes, todos vestidos con túnicas blancas y adornitos dorados, los del coro se paseaban por los pasillos mientras cantaban. A la entrada te daban un cancionero (pa que cantes a voz en cuello) y una vela para prenderla durante la ceremonia (que por cierto me cagó el pantalón pero peor aún fue la viejita que estaba al costado mío, que goteó su vela en mi saco y me cagó también el saco). Los acólitos se paseaban por los pasillos con sus sahumerios y unos barbones que no sé bien quienes eran, sonaban las campanas a cada rato. A esos si daba ganas de patearlos. Y bueno, al día siguiente fuimos donde los papás de Christina a cenar jamón ahumado y a jugar Risk. Ya jugaste Risk? Bueno eh. Ah también intercambiamos regalos. A ti que te tocó? A mí una colonia Lacoste. Que coincidencia, justo la que quería!
El Año Nuevo sí fue el más tela. Es serio man, ya creo que los 32 cheques me están pasando factura. Ya las 32 primaveras parecen 32 otoños tirando para inviernos. Yo tenía toda la intención de salir a celebrar, le había dicho a Christina para ir al casino a apostar mi sueldo de Diciembre en la ruleta; todo al rojo! le dije. No se me ocurrió mejor idea que comenzar el año ganando plata en el casino, pero esa misma noche hablé con mi amigo Vicente que me dijo, no vayas huevas… la vas a cagar, mejor guárdate esa plata que los hijoe putas del casino se la quedan de todas maneras. Empiezas con cien coquitos y como seguro que los pierdes vas al ATM y sacas cien más -pa recuperar los que perdiste- y como seguro pierdes esos otros cien, sacas cien más -esta vez sí los recupero!- y de trago en trago así te meten el dedazo.
Así que le hice caso a mi pata y me quedé, pero claro, para ese entonces Christina ya se había alistado y la idea del casino le había parecido (como dice el chato Barraza) F-ormidable. Yo le dije, mejor nos tomamos un vinito y como a una copa le sigue otra y a la segunda solo le falta la tercera para vaciar la botella, nos secamos la botella sin darnos cuenta. Y como también sabes que acá en los yunaites no puedes manejar ni siquiera picadillo (porque si te agarran cagaste!) ya nos quedamos en casa nomás. Al día siguiente me dio un poco de pena porque creo que ella sí quería salir, pero se me pasó rápido. Lo que sí hicimos fueron nuestras resoluciones para el próximo año, que te parece?
Primero el viajecito a Europa. A medio año vamos a ir a España, Francia e Inglaterra y si sobra tiempo y dinero a Holanda o Italia. Ya te contaré de eso. O mejor dicho, ya publicaré de eso.
Segundo terminar de pagar mi deuda, que en realidad eso es primero pero más chévere es pensar en el viaje a Europa que en hacer números para cancelar mi deuda.
Y por último mudarnos de esta ciudad. Eso si va a estar complicado pero de que nos mudamos, nos mudamos. No se a dónde, ni cuándo, ni cómo, pero por San Guchito que me mudo. Ya basta de frio! Ya basta de nieve! Ya basta de decirme resiste, que me tienes hinchado con eso huevón!
Bueno Fabtor, gracias por la postal. Vale! Y por los buenos deseos para este año. Igualmente, que todo sea felicidad para ti y para Micaela, que esta linda. Espero verlos pronto, tal vez a fin de año.
Un fuerte abrazo y saludos a los ropes del Comercio. Léase Joakin con K.
Bruno.
 

Mudanzas

Category: By Bruno Rivera

Alguien me dijo alguna vez que la mudanza pude ser tan estresante como el divorcio. Yo nunca me he divorciado pero sí me he mudado varias veces y creo que, ciertamente, es estresante.
Mi primera mudanza fue para irme a Nuevo México a hacer una maestría. Era la primera vez que dejaba la comodidad de mi hogar San Borjino, donde prácticamente, viví toda mi vida. Empacar mis cosas fue como una ceremonia de Boy Scouts, como una celebración Bar Mitzvah; era dejar el nido de mamá para volar solo. Había que recolectar amuletos de buena suerte, deshacerse de malos recuerdos, probarse ropa de invierno y de verano, revisar los discos que llevaría conmigo, mis libros de cabecera y las fotos que harían de mi estancia una apacible jornada.
Como era mi primera mudanza, lógicamente estaba emocionado. No sabía que me esperaba, dónde dormiría, cómo sería mi departamento, quiénes mis vecinos, cuánto duraría todo eso. Debo agregar también que me iba a otro país, conocería gente nueva, hablaría otro idioma y me envolvería nuevamente en la vida universitaria.
Mi primer departamento estaba ubicado a menos de cinco cuadras de la facultad de Artes y todos los días caminaba a mis clases. Compré ollas, platos, cubiertos y abrelatas y decoré paredes con las pocas fotos y recuerdos que me llevé de Lima. Cocinaba a diario, los Sábados limpiaba la casa religiosamente, pagaba los servicios por correo y conversaba horas por el teléfono fijo que me instalaron al poco tiempo. Me sentía feliz de la vida.
Luego de dos años, al terminar la universidad y para ahorrar un poco de dinero, decidí mudarme con un amigo y su novia. La renta era menos de la mitad de lo que pagaba antes y un poco de compañía no me venía mal. Conseguí una camioneta y junto con dos amigos llevamos todas mis cosas a la nueva casa. No big deal.
Tengo buenos y malos recuerdos de la casa en la calle Blanchard. Mis compañeros de cuarto eran buenos amigos míos y se podría decir que bastante responsables y divertidos. Hicimos varias fiestas, los amigos siempre nos visitaban y la buena comida nunca faltaba. Hasta que los problemas de pareja comenzaron. La armonía de una casa de tres se convirtió en un calvario de dos. Ellos se peleaban todo el día y yo me veía involucrado inevitablemente. Había que conseguir otro lugar, recuperar mi privacidad, independizarme de nuevo.
Conseguí trabajo en un diario y me mudé a dos cuadras de la calle Blanchard.
El departamento era nuevo, espacioso pero sobre todo, propio.
En ese entonces salía con Christina y ella además de ayudarme a conseguir el departamento, tenía una camioneta que facilitó mi tercera mudanza. Esta vez nos tomó dos días de ir y venir pues ya tenía más muebles, papeles, cachivaches y demás. Ella, impetuosa como siempre, acomodaba las cosas, limpiaba los pisos, hacia una lista de lo que me faltaba, y hacia arreglos para lo que sería mi nuevo hogar.
La felicidad nos duró poco pues mi visa de estudiante se venció y bebía regresar a Lima.
Había que deshacerse de todo, o casi todo. Hice una venta de garaje donde me fue muy bien pues saqué más de 600 dólares que no estimé para mi regreso. Vendí mi televisor, el Play Station, el horno microondas, los cuadros, las mesas, sillas y todo lo que no podía llevar conmigo.
Fue un ritual de desprendimiento.
Para no hacer larga la historia, en la cuarta mudanza me fui para Minneapolis y en esa ciudad me mudé dos veces más. Primero donde un marroquí que fumaba marihuana a diario y tenía un póster de Bin Laden en el refrigerador y luego al departamento desde donde escribo éstas líneas.
Cada vez que me mudo ahora lo hago con menos emoción y más preocupación.
Primero, porque acostumbrarte al lugar donde vives toma tiempo. Dónde pones la ropa, dónde están las escaleras, las puertas, las luces, adornos y todo lo que hace que tu hogar sea tu hogar. Así que al mudarte, por decirlo de alguna forma, tienes que aprender nuevamente cómo caminar a ciegas en la noche si estrellarte contra el televisor.
Segundo porque ese sentimiento de seguridad que te da tu hogar ya no lo tienes y toma meses sentirte seguro en tu nueva casa. Al menos a mí me cuesta dormir. Ya llevo más de medio año en éste departamento y a pesar de que descanso por las noches, aún reviso (por si las moscas) que el cerrojo efectivamente este cerrado.
Por último, si te mudas de ciudad o de país, sabes que tendrás que hacer nuevos amigos, buscar trabajo, no tienes idea si podrás pagar la renta, cuanto será la renta, tendrá conexión a Internet? Los servicios estarán incluidos? Quiénes serán mis nuevos vecinos?
Como ven, son las mismas preguntas que me hice la primera vez que me mudé pero con una carga estresante a cuestas.
Sé que me mudaré una, dos, tres veces más. Sé que empacaré ropa en cajas viejas, que venderé muebles y llenaré bolsas de papeles que ya no necesito.
Sé que el invierno de Minneapolis me recordará a diario que me tengo que mudar más al sur, donde el sol sí calienta y la brisa de invierno no congela.
Sé que me veré forzado a revisar mi vida nuevamente mientras empaco todo y que los recuerdos que cada sitio dejó en mí, volverán como ferrocarriles que se estrellan en mi memoria.
Aún así, una de mis resoluciones para el próximo año es mudarme nuevamente.